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Pleno y récord del Madrid

  • 1ª Parte
  • 15'
  • 30'
  • 2ª Parte
  • 60'
  • 75'
  • 90'
Real Madrid

19'

37'

59' Sale entra

59' Sale entra

78'

82' Sale entra

87'

85'

Ludogorets

18'

60' Sale entra

62' Sale entra

71' Sale entra

GRUPO B | REAL MADRID 4 - LUDOGORETS 0

Pleno y récord del Madrid

El Ludogorets se quedó con diez en el minuto 18 y fue presa fácil. Marcaron Cristiano, Bale, Arbeloa y Medrán. El Madrid quebró el récord de 18 victorias del Barça de Rijkaard.

Diecinueve y subiendo. El Real Madrid superó el récord del Barça de Rijkaard y completó el pleno de triunfos en la fase de grupos. Sin un sobresalto, sin más intriga (mínima) que el inicio del encuentro, cuando nos encontramos con un Ludogorets valiente y un Madrid sin prisa. La superioridad es eso. Observar antes. Tomar perspectiva. Escoger el momento, conocer el futuro. No asoma en el horizonte de 2014 un equipo que pueda derrotar a este Madrid.

Si me lo permiten, y en atención a la comunidad búlgara, no centraremos el foco en la goleada, sino en los detalles. En el minuto ocho, por ejemplo, sucedió algo que habla muy bien del entrenador y del ambiente que genera. Los búlgaros cometieron una falta en la frontal de su área, apta para Cristiano, ideal para sus récords. Bien, pues la tiró Bale, y lo hizo en perfecta sintonía con su compañero, que saltó sobre la pelota. Ese reparto de protagonismos indica un extraordinario control de los egos; conciencia de equipo, en definitiva.

El Madrid dejó otras buenas noticias. Illarramendi nos recordó que cada futbolista (cada persona, manzana, pomelo) necesita un tiempo de maduración. Illarra es elegante y sabe jugar bien al fútbol, pero también luce una cierta frialdad de rubia platino. Si lo piensan, no es un contratiempo tan grave: teñirse el carácter es más fácil que pintarse el talento. A tenor de lo visto contra el Ludogorets diremos que progresa adecuadamente en su curso de intensidad. Durante casi una hora estuvo excelente en la conducción y en el pase, hasta tuvo el detalle de perseguir un balón imposible.

El primer gol llegó de penalti estrepitoso. Varane cabeceó un córner botado por Kroos y Marcelinho, que es centrocampista, despejó con el brazo. Bale marcó en la continuación, pero el árbitro, poco aficionado al voleibol, ya tenía decidida la expulsión y los once metros. Apenas tuvimos tiempo de recordar que Stoyanov le había parado un penalti a Cristiano en Sofía. El portugués se colocó ante el portero, corrió hacia él y le batió con una versión motorizada del toque Panenka, en este caso más helicóptero que globo aerostático. Hay gente así, que no teme nunca.

Bale también se mostró en los minutos más cristalinos. Marcó un gol de cabeza y dejó varias perlas salvajes, sombreros y otras delicatessen. El galés es un centauro con diadema. Lo tiene absolutamente todo, incluido un problema de ansiedad. Quiere agradar y ha decidido hacerlo con goles. Se equivoca al despreciar otras opciones. El Bernabéu valora igual la generosidad y el esfuerzo. Los goles que busca le llegarán cuando no los desee tanto. Ocurre igual con los amores adolescentes.

El tercero lo logró Arbeloa cuando la segunda mitad se había vuelto loca, aterido el Ludogorets y volcado el anfitrión. Su remate lo sacó Stoyanov de dentro de la portería cuando el lateral ya lamentaba su mala suerte. Medrán, el Isco cordobés, supo alegrarse más y a tiempo, aunque su disparo se coló con la colaboración de un búlgaro de Madagascar. La conclusión es que el Madrid no se aburre; siempre encuentra algo o a alguien, un récord, un detalle o una joven promesa. Para un equipo así el cielo es el límite.

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