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Schürrle mató el milagro

OCTAVOS | ALEMANIA 2-ARGELIA 1

Schürrle mató el milagro

Su entrada descosió a una Argelia rocosa que sólo sucumbió en la prórroga. Özil completó el trabajo ante un rival agotado. Djabou acortó distancias. M'Bohli retrasó el desenlace.

No acaba de llegar lejos porque le falta el impulso de la tradición, pero el fútbol africano ventila mucho un Mundial. Algunas selecciones, como Ghana o Nigeria, lo hacen desde el vigor y el desenfado. Otras, como la Argelia de Halilhodzic, desde la inteligencia táctica y el entusiasmo. “Tienen pulmones de caballo”, advirtió Neuer en la víspera, sin ser plenamente consciente del mal rato que le aguardaba. Alemania, a la que le falta un punto de sal, salvó el trance por oficio, en la prórroga, apelando a su proverbial puño de hierro porque nada sacó de su nuevo guante de seda.

Halilhodzic ha convertido a Argelia en un camaleón. Quitó a cinco de los héroes que echaron a Rusia del Mundial, cuatro de ellos en el centro del campo y el ataque, para garantizarse un extra de energía y para construir un centro del campo frondoso en el que se perdieron los buenos propósitos de los germanos. La reforma se llevó por delante incluso al talentoso Brahimi. Hasta la última media hora, Alemania tuvo la pelota pero no tuvo el partido. Lacen, Taider y Mostefa, suplentes en el último encuentro, atascaron el tráfico y se hicieron realmente antipáticos para Kroos y Schweinsteiger. Thomas Müller se vio enjaulado entre Bentaleb y Hachille. Özil y Götze se sintieron atrapados en una emboscada cuando quisieron ser emprendedores desde las bandas. Y cada pérdida fue un trueno en las cercanías de Neuer.

El meta alemán quedó condenado a un escenario incómodo, a ejercer de último defensa cuando la velocidad de Slimani, una alimaña, en la contra superó a Mertesacker y Boateng, que fue casi siempre. Vivió en el alambre. Tres de sus salidas estuvieron al borde del desastre. Y es que los centrales de Löw tienen cintura de acero y les cuesta correr hacia atrás.

A Argelia le pareció muy confortable este partido de guardia alta y búsqueda del descuido. Feghouli echó a perder en el remate dos recortes que desmayaron a la defensa germana. Y el lateral Ghoulam, que fue un tiro en campo adversario, cruzó demasiado un remate franco. A Alemania le asfixiaba ese partido tan cerrado del que era incapaz de apoderarse y tiró de la medicina tradicional. Schweinsteiger y dos veces Kroos recurrieron al zapatazo de largo alcance. En el rechace estuvo a punto de acertar Götze, pero topo con el elástico M’Bohli.`

El descanso trajo otro partido. Löw metió a Schürrle, un futbolista de más zancada y más ímpetu que Götze, y se llevó a Özil a la izquierda. En nueve minutos el propio Schürrle, Mustafi y Lahm se habían asomado al gol. Argelia había dejado pasar su momento y se vio sometida a lo que quedaba del imperio alemán. Y como los partidos agitados acaban por ayudar al que más tiene, este se venció escandalosamente sobre el área argelina en los últimos minutos. Thomas Müller fue incapaz de liquidar a M’Bohli en un cabezazo a quemarropa y en un remate desencuadernado después de un control y un recorte estupendos. Schweinsteiger también puso su cabeza al servicio del equipo, más como rematador de segunda instancia que como organizador. Los de Halilhodzic se habían quedado sin piernas y sin respuesta, pese a la entrada de Brahimi, y Alemania atacaba a la tremenda, ya sin esmero en el toque, mandando balones al área al uso tradicional.

Argelia llegó sin óxigeno a la prórroga y allí le mató Schürrle, el más fresco, con ayuda de Özil. Incluso en las últimas dio guerra con el tanto de Djabou. Pero en esto casi siempre ganan los alemanes. Y meterle ese casi sólo ha estado al alcance de la ya ausente España.

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