Competición
  • Champions League
  • Copa Libertadores

Gumienny se carga al CurroBetis

BETIS 1 - RUBIN KAZÁN 1

Gumienny se carga al CurroBetis

Empató en un Villamarín desierto pese a jugar con uno más durante 60 minutos y tiene la eliminatoria cuesta arriba. Dídac adelantó (3') y el Rubin empató con un penalti que no era.

Un tremendo error arbitral se cargó él que, contra todo pronóstico, estaba siendo el mejor partido del Betis en muchos meses. El belga Gumienny señaló como penalti una falta de Reyes fuera del área y el Rubin Kazán empató de manera inmerecida un noche plácida, que los locales ganaban 1-0 y contra 10 futbolistas desde la media hora. Pero quien perdona... Del 1-0 al 1-1 va un trecho que para la vuelta dentro de una semana, en Kazán, bien podría titularse como 'gesta', sobre todo para este Betis que no consigue salir de su depresión.

Esta mañana se despedía en Jerez Antonio Benítez, uno de los héroes béticos de aquel escuadrón (Esnaola, Cardeñosa, Biosca, Bizcocho, López...) que ganó la Copa en el 77, se paseó por Europa meses después (la Recopa) y acabó descendiendo en verano de 1978 a Segunda División. Benítez se enterró pegado a una bandera verde y blanca porque, como justificaba algún amigo suyo rebosante de lágrimas y poesía, "si él ha dejado su arte para siempre en la historia del Betis, ¿por qué no va a poder también llevarse el Betis a la eternidad?". La implacable y cruel UEFA no permitió que el Villamarín le guardara un minuto de silencio a Antonio, pero ni falta que hizo: el homenaje se lo ofreció el fútbol, el CurroBetis, primero con fútbol y esperanzas de clasificación (y hasta de goleada) para luego ser sacudido por la mano arbitral, la realidad, la mala suerte.

Es verdad que al CurroBetis no lo esperaba ni su parroquia, decidida a dejar casi desierto el Villamarín, que protestaba en los aledaños en masa hasta que la sorpresa les hizo cambiar de opinión y ocupar sus localidades hasta pasados los 10.000 espectadores. La afición bética recelaba del once que sacó Calderón, repleto de futbolistas que no aparecen por las alineaciones titulares hace tiempo como Dídac, Chuli o Perquis. Un once para que muchos de los pocos aficionados verdiblancos que acudieron a Heliópolis sospechasen de su entrenador: "¿Estará Gabi tirando también Europa? ¡Como si la Liga no estuviera ya bastante en la basura!".

De las almohadillas a los pañuelos, de los recelos a las palmas en cuestión de segundos, el equipo verdiblanco jugó un partido más que decente y casi le da alegrón a su gente. Tuvo su momento de gloria, y qué momento, hasta Dídac, quizá futbolista más discutido de un equipo discutido hasta el insulto: a poco de empezar, el lateral catalán se animó por su banda izquierda y tras escorarse con dos sombreros y un regate, casi sin ángulo, soltó un zapatazo que superó al portero por el único lugar posible, tras pegar antes en el palo (1-0, 4').

Al brilló bético ayudó el Rubin, que llevaba más de dos meses (desde el 8 de diciembre) sin disputar un partido oficial, y al que se le notó el déficit de competición en la tardanza de reacción, el fondo físico y hasta la poca picardía, pues Prudnikov, en dos acciones de infantil, provocó su expulsión y obligó a su equipo a jugar con uno menos durante más de dos tercios de partido.

Antes y después de la roja, Baptistao hacía de las suyas, coaligado con Salva Sevilla entre líneas. El brasileño, vestido de Benítez, buscó el gol casi cada cinco minutos. Lo merecía sin duda el Betis, capaz de crear media docena de ocasiones ante la impotencia de Sharonov y Burlak y los paradones de Ryzhikov, y una cariacontecida grada que al descanso no acertaba a entender por qué no se juega así en la Liga.

Un cabezazo ajustado de Cedrick y dos buenas diagonales de Juanfran parecían demostrar que el vestuario no había cambiado los papeles. Intentaba ampliar la ventaja el Betis, y más cuando Calderón introducía a su mejor misil, Rubén Castro, en el campo. Sólo Eremenko ponía salsa tártara por la parte rusa, pero su calidad y el mal ojo del belga Gumienny bastaron. Fue Eremenko el que provocó y convirtió el no-penalti del 74' (1-1), derribado por Reyes fuera del área pero lanzador desde los 11 metros porque así lo quiso el árbitro.

Cosas del Betis, que acabó volcado pero ya sin alma sobre la portería de Ryzhikov. La historia es cíclica y cruel, demasiado de ambas cosas con este Betis preso de la desgracia y de las trece barras de su escudo: 36 años después, los verdiblancos se vuelven a pasear por Europa, pero tan condenados al descenso como aquel equipo de Gordillo, Cardeñosa, Esnaola o el malogrado Benítez. Pero esta vez no hay arte, ni poesía, que le pongan un guiño de esperanza al futuro.

 

 


Comentarios

Comentarios no disponibles