TURQUÍA 0 - HOLANDA 2

Turquía no cumple ante Holanda y no jugará la repesca

Robben y Sneijder y la victoria de Rumanía impiden a la Selección otomana tener cualquier tipo de opción de acudir al Mundial de Brasil 2014.

El jugador holandés, Arjen Robben, disputa un balón contra los jugadores de Turquía, Selcuk Inan y Hasan Kaldirim.
Jesús Colino
Nació en Madrid en 1985. Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Redactor de la sección del Atlético, después de haberse curtido en Fútbol (con especial atención a la Segunda B y a las categorías inferiores de la Selección) y una breve aventura en AS.com
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Era Turquía quien dependía de sí misma, pero no cumplió su parte del trato para estar en el próximo Mundial. Los otomanos recibían a Holanda, ya clasificada, y necesitaban hacer lo mismo que Rumanía para jugar a la repesca.

Los rumanos ganaron a Estonia y los turcos perdieron ante su gente contra la vigente subcampeona del mundo. Los Arda, Yilmaz y compañía no estarán en Brasil y a Rumanía le queda la vía del playoff para estar en la Copa del Mundo.

Tener la sartén por el mando atenazó a Turquía desde el primer minuto. Inocentes en ataque e histéricos en defensa, los turcos estuvieron a merced de Holanda, mucho más relajada y con muchas ausencias. Y el tempranero gol de Holanda lo agitó todo. En el minuto 8, Robben colgó al área una falta desde la derecha y, entre la rosca y que nadie la tocó, acabó colándose junto al palo. Turquía quedó aturdida y Holanda pudo sentenciar el partido antes de la media hora: Van Persie, Robben y, sobre todo, Sneijder con un tiro que tapó Van Persie rozaron el gol.

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Después del arreón, Turquía se calmó y empezó a jugar y a acercarse a Cillessen. Topal, de libre directo, y Arda, que se plantó solo, buscaron el empate, que pudo llegar también si el árbitro hubiera pitado penalti por unas manos en el área holandesa. Contra este dominio otomano, cada contra de la oranje era una agonía para la afición local.

Nada más volver de vestuarios, Sneijder sentenció con un disparo cruzado. El del Galatasaray, que antes del partido se abrazó con su exentrenador Terim, no celebró el gol, pero el daño ya estaba hecho. El 0-2 dejó absolutamente noqueada a Turquía, que perdió la fe, el fútbol y las ganas de intentarlo. Todo lo contrario en Bucarest, donde la fiesta fue completa. Turquía no dio la talla y tendrá que esperar otros cuatro años...

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