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Este muerto está muy vivo

BARCELONA 4 - MILÁN 0

Este muerto está muy vivo

Este muerto está muy vivo

FERNANDO ZUERAS

Marcó dos goles antes del descanso y Villa y Jordi Alba remataron la clasificación del Barça. Niang mandó un balón al palo antes del 2-0. El Milán sólo apretó con todo perdido.

Devolvió el Barça ayer las cosas a su estado natural. Ni el Milán era tan bueno ni los de Roura tan malos. Este muerto está muy vivo y seguramente, es el peor enemigo para cualquiera de los contendientes que entren en el bombo de los cuartos de final. Del ‘fin de ciclo’ se ha pasado al “decíamos ayer...”

Los blaugrana pasaron a cuartos de final de la Champions goleando al Milán por 4-0. Un resultado que hace justicia a la diferencia sideral que existe entre ambos equipos. El Milán ya apuntaba a cochambre en la ida y lo siguió siendo en la vuelta. El Barça fue lamentable en Italia y por eso se vio obligado a tirar de épica para remontar en casa tras dar pena en San Siro y permitir que el canto del cisne de una entidad decadente le quitara el sueño. No obstante, al final se impuso la lógica. Los italianos son un equipo con más pasado que presente y el Barça es un gigante inabastable para un equipo tan mediocre como el lombardo, que viene a ser la Casa Usher del fútbol europeo. Tiene siete Copas de Europa, mucho nombre, candelabros y cubertería, pero nada de fútbol.

El delito es que el 4-0 de ayer no se diera en la ida. El delito también es que el Barça menospreció al conjunto de Allegri. Pero con Messi, las correcciones son mucho más asequibles. Si hoy hablamos de épica y de remontada, es por culpa del Barça. Que los barcelonistas perdieran por 2-0 en San Siro ante un equipo tan justito como el Milán, que tiene una defensa jurásica, un mediocampo troglodita y una delantera de peluquería, es imperdonable.

En todo caso, el Barça se había metido en un bonito lío en el que le daba al Milán la opción de sacar petróleo de ese fútbol triste que se basa en poner a nueve tíos por detrás del balón para tratar de seguir adelante mientras dos adolescentes con cresta corren en busca del balón. Pero cada día no es domingo. Messi, que no lleva cresta, vale más que todo el Milán. Dos latigazos del argentino encaminaron el camino a cuartos apartando a los italianos como el que aparta una caja de cartón que se ha encallado en las ruedas de su deportivo. El Milán pasará a la historia del Barça como una víctima, como sujeto de remontada. Como un cabestro. Nadie les recordará por lo que jugaron. Les recordarán por lo que molestaron.

El partido tuvo una sola dirección desde el minuto uno. El Milán, acongojado ante la presión del Barcelona se puso a mirar el cronómetro desde el primer minuto de partido. La primera vez en que lo miró, quedaban 89 minutos para el final. El partido iba a ser una tortura para los italianos, que aún así, tuvieron sus opciones de complicarle la vida al Barça. Chutaron al palo una vez. Más le valía no marcar. Si lo llegan a hacer, les caen siete. Como no marcaron, se fueron felices con cuatro.

Nada podían hacer ante un Messi majestuoso, un Busquets dominador del partido y un Iniesta desequilibrante. Ante estos argumentos, lo máximo que podía ofrecer el viejo Milán era la venda en la cabeza de Flamini y las carreras alocadas de sus delanteros. En fin, tras el susto, la vida sigue igual.

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