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A octavos con lección de casta

VALENCIA 1 - BAYERN 1

A octavos con lección de casta

A octavos con lección de casta

JAIME REINA

AFP

El Valencia logra un meritorio empate en Mestalla jugando 67’ con diez tras la roja a Barragán. Feghouli adelantó a su equipo y Müller empató, sin merecerlo, en el 82’.

Un empate bastaba a Valencia y Bayern para meterse en octavos de final de la Champions tras la victoria vespertina del Lille. Y visto el resultado final pudo parecer que hubo un pacto previo de no agresión. Pero este equipo che no se conforma con pasar de ronda. Quería y quiere ser primero, y se lo dejó claro a su rival desde el primer minuto y cuando le tocó sobrevivir con diez. Sólo se sintió indefenso en la primera media hora por su falta de presencia en la zona de creación. Fue a raíz de la expulsión de Barragán en el minuto 33 cuando tiró de casta para merecer una victoria que Feghouli acercó de rebote y que Müller se empeñó en evitar al final. La última jornada decidirá quién manda en el grupo y a quién deben temer más.

El Bayern se recreó en su superioridad durante el arranque. Sometió al Valencia de salida gracias a su contundencia y al descaro de sus mediapuntas. Ribéry buscó las cosquillas de Barragán siempre que pudo, a la vez que Kross y Müller intentaban encontrarle defectos a Rami y Ricardo Costa. Aun así, el equipo de Heynckes sólo llegó en un córner cabeceado por Dante y en un buen latigazo de Pizarro en ese intervalo de tiempo. Sus intenciones eran de mentira. Dominaba sin pegada. Le faltó acierto en el último pase y mordiente. Mario Gómez en esencia. Paul Breitner, un portavoz de verdad sin pelos en la lengua, dibujó de forma inmejorable ante las cámaras de TVE lo visto a esa hora.

Un equipo con nombres propios

Hasta ese momento dos hombres sostenían al Valencia. Guaita de vez en cuando y Banega, siempre. El argentino sorprendió en el once pese a su poco rodaje y demostró, con kilómetros y descaro, que está para hacer su trabajo y el de Parejo si éste flojea. Con Ever creció el equipo y apoyado en él, por fin Tino Costa pudo dar señales de vida. Parejo no encontraba su sitio. Parecía incluso pedir a gritos un intercambio de roles con Banega, más cercano a Soldado. Al exmadridista le sobra talento y le faltan caballos. Sólo Feghouli probó a Neuer. Sin embargo, cosas del fútbol, lo que cambió por completo el panorama fue la absurda expulsión de Barragán a los 33 minutos. El lateral se enfrentaba a un examen al suplir a Pereira. Y suspendió por conducción temeraria. Primero vio la amarilla por secar a Ribery. Y no conforme con el riesgo, levantó a Alaba dos metros viendo una roja directa por segar el césped en medio campo.

El Valencia tuvo que recomponerse. Y lejos de resquebrajarse, mejoró. Le vino de maravilla esa pizca de heroica que supone enfrentarse a un ogro en inferioridad. El Bayern creyó que los goles caerían sin merecerlos. Iluso. Por eso peligró. Tocó, se recreó al borde del área y, ante las continuas pérdidas, unos se olvidaron de regresar y otros pocos lo hicieron caminando. Javi Martínez, en su obsesión por equilibrar, acabó descolocado. Así, con más espacios, Feghouli y Soldado sembraron el miedo. Llegó el descanso justo en el momento en el que lo necesitaba el menos agotado.

Grandes ocasiones y goles de rebote

La reanudación trajo aún mejores noticias. El Valencia reapareció con la misma casta. Y en su ola arrastró a Parejo e incluso a Guardado. Ya era hora. El Bayern estaba noqueado. Tenía un jugador más pero le faltaba un punto de cocción en sus combinaciones. El Valencia tenía claro el plan: solidaridad en defensa y contra veloz. Cúper no lo hubiera ideado mejor. Y el tiempo le dio la razón mientras agotaba la gasolina. Soldado tuvo en sus pies la ocasión de la noche. Tino Costa asistió al espacio y el delantero, con todo a favor en el mano a mano, disparó con más ganas que precisión. Neuer resopló. El Bayern estaba avisado, así que despertó. Decidió desplegarse con más mordiente y acarició la victoria. Müller primero y Javi Martínez se desmelenaron. Y Mandzukic silenció Mestalla con un cabezazo al palo.

El Valencia pudo rendirse. Y no, se reinventó. Decidió vaciarse sin mirar al Málaga y mover su banquillo cuando tocaba en busca de oxígeno. Pellegrino acertó. Un buen arranque de Feghouli, el mejor, premió la casta local. El extremo robó cerca del área rival, encaró con fe, dribló a dos defensas y encontró la suerte de izquierdas. Su disparo pegó en la mano de Dante. Si no hubo penalti fue porque desvió el balón decisivamente. El Bayern se enfadó. No sólo se le escapaba el primer puesto sino que, además, se esfumaba su credibilidad para optar de nuevo al título. Entró Mario Gómez por Ribéry para jugar con dos delanteros centros. Balones a la olla era la estrategia. Una táctica que casi sin probar le dio resultados. Centro de la derecha, y remate de Müller entre mil piernas. Empate injusto que no empaña. La lección de casta ya había sido impartida.

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