El miedo al Madrid
El gran pavor era cuando el locutor comunicaba que Gento arrancaba...

El aficionado no quiere tan solo que gane su equipo; quiere que pierda el contrario. Tanto encono esconde un amor, o un miedo. Los barcelonistas incubamos el amor al Barça al mismo tiempo que asumimos el miedo al Madrid. En la adolescencia, cuando se hacen las pasiones, el Madrid era un silbido que escuchábamos en la radio. El miedo en la radio es más grande que el miedo en un estadio. Ver un partido por la televisión, con su atuendo de jamón, aceitunas y cerveza, es como acudir a una comida campestre. Sin embargo, por la radio el fútbol era otra cosa. Era la inmensa incertidumbre.
Para mi generación, que es la que despierta al fútbol con la derrota del Barça en Berna, aquel miedo al equipo blanco era un miedo retransmitido por la radio. Había dos encarnaciones del miedo. Di Stéfano era el finalizador necesario, como Puskas, pero el verdadero pavor nos crecía del fondo del alma culé cuando el locutor (José Félix Pons, Miguel Ángel Valdivieso, Matías Prats...) comunicaba que Paco Gento arrancaba por la banda izquierda y se acercaba a los aledaños de Ramallets
Gento personificaba entonces la potencia del Madrid. Nunca hubo (para mí) un futbolista que inspirara tanto miedo, hasta que llegó al conjunto blanco Cristiano Ronaldo, que tiene la virtud de amagar y dar al mismo tiempo, creando en nuestros corazones un temblor gigante, como si de pronto se fuera a descoser el partido en virtud de sus disparos temibles. Hubo un gran futbolista, Zidane, que infundía respeto; pero, aunque fuera igual de mortífero en sus evoluciones, también nos producía la sensación de la belleza de su juego. En ese sentido, era como Di Stéfano. Don Alfredo no infundía miedo, nos inspiraba respeto.
Noticias relacionadas
Había otro aspecto: hay algo de esa vestimenta, blanca, casi cegadora, que tiene algo de perturbador. Si el Madrid no viste de blanco parece que pierde fuerza, pero los aficionados estamos tan cegados que aunque el Madrid vista de verde sentimos que va de blanco. Y le tememos.
A lo que aspiramos es a que los madridistas tengan el mismo temor y que el domingo nuestra ansiedad sea parecida a la suya, y el miedo a Messi se corresponda al miedo a Cristiano. Para ver un partido así hay que sentir cierta reverencia ante el contrario. Si la reverencia es miedo, el triunfo sabe más.



