La final de la Supercopa es más que un trofeo

Supercopa | Real Madrid - Barcelona

La final de la Supercopa es más que un trofeo

La final de la Supercopa es más que un trofeo

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Madrid-Barça: 87 victorias por equipo, 74 títulos blancos y 73 culés.

El fútbol trae estas cosas: se quiera o no se quiera, el camino lleva a una final Madrid-Barça en el Bernabéu. La Supercopa de España restituye lo que no pudimos vivir en aquella frustrada final de Champions y, a la vez, deja la puerta entreabierta a lo que el madridismo temía ver en la reciente final de Copa. Hoy no hay gatera por la que escaparse: será la cuarta final de los dos grandes en Chamartín y de ella saldrá un campeón reforzado de cara a la temporada.

Nada está escrito sobre el desenlace de esta noche, ni por la victoria azulgrana en la ida, ni por la derrota madridista en Getafe. Cualquier antecedente se va al limbo en el momento que saltan al césped dos equipos tan exageradamente potentes.

Es el primer título del año, Mourinho contra Vilanova, la antesala del Balón de Oro, dos campeones irreconciliables en el césped, tan similares en estructura que coinciden antes de este choque hasta en los números, después de 110 años y 220 partidos: 87 victorias por equipo y 46 empates.

Por si hubiera pocas razones para devorar el partido de esta noche, la emoción por romper el empate histórico es otra añadida. El Madrid o el Barça conseguirán el prurito de la hegemonía global, que aún siendo un bien transitorio, siempre conlleva una carga de orgullo y complacencia.

Hegemonía. En este duelo excepcional, los blancos pueden alardear de lucir en las vitrinas 74 títulos oficiales, frente a los 73 de los azulgrana. Una ventaja mínima acuñada con la última Liga y que hoy también ponen los de Mourinho en juego.

La Supercopa es por todo esto y más un desafío de rango. Ser el primer campeón de la temporada es cuando Alonso se pone en cabeza en la primera curva. Ya marca la pauta, disfruta de una posición de ventaja, cree en sí mismo y obliga al enemigo a forzar la máquina. El Barça disfruta del acelerón de la Liga, con empujón arbitral evidente, y sería fatal para el Madrid que también pegase otro arreón con el título supercopero.

Un Bernabéu a reventar no lo querrá consentir y apretará como en las grandes citas. Seguro que el Madrid tampoco será el de Getafe, parsimonioso y revuelto. Se espera que aflore por fin el genio ganador de Cristiano y la armonía general de un equipo que acabó en mayo campeón, asombrando con su poder de destrucción.

Y si la máquina chirría, la pieza de recambio está lista: Luka Modric, que ayer ya buscó casa en la capital y probó la buena mesa del Txistu. El croata llega con un saco de ideas nuevas para servir a Cristiano, Higuaín y Benzema, con una velocidad endiablada para dar otra dimensión al juego y con gol. Déjenle que tire una falta...

El Barça aterriza con todo el armamento, más el brioso Song, que llegó el día 18 y está ansioso por debutar, después de calentar banquillo en Pamplona. Los azulgrana traen un tibio 3-2 en la cartera por la cantada de Valdés, lo que obligará a Tito a no ser conservador. Messi no anda fino, pero aún así viene de firmar dos goles en Pamplona; Iniesta sí mete miedo al Bernabéu, como Xavi y hasta Puyol, que quiere jugar con la cara rota. Esta es una final para súper hombres.