El Rey Mago es Karim
Mourinho se despachó con una rajada que castigó al vestuario por una primera parte pobre, que al portugués le pareció "basura". Acusó a algunos de seguir de vacaciones. Menos mal que Benzema, Higuaín y Khedira dieron la vuelta a la tortilla.


Bernabéu loco. Con 0-2 y apenas 23 minutos por delante para el pitido final, sólo en el Bernabéu se puede predecir una tormenta perfecta de goles en forma de remontada. El Madrid es un equipo de Poltergeist que aborrece lo previsible, el juego controlado y la puntualidad británica. El Madrid elabora su salsa más delicatessen cuando reúne sus ingredientes históricos: ardor guerrero, presión irracional, Séptimo de Caballería y unas gotas del genio de la lámpara. Y éste último se llama Karim, que rima con Merlín, un Rey Mago que ha enamorado al madridismo con esa capacidad para ingeniar caminos imposibles con paredes, tacones cercanos y lejanos, sombreros de terciopelo y martillazos de Conan. Cuando Benzema sacó a pasear su chistera, se desató la locura. Como me dicen mis amigos Dioni, el de Camela, y Ángel, de Jávea, "cuando el tiburón blanco huele la sangre, prepárate para rezar".
Empanada del Santo. Casillas es el number one (mañana le ponen una calle en Móstoles y bien que se lo merece), pero está claro que la reacción alérgica que sufrió en el parón navideño le dejó diezmado. Pellegrini, que conoce bien esta casa, debía tener información privilegiada y tenía muy trabajados los golpeos a balón parado. Ahí, Cazorla es un maestro. Y entre eso y el aturdimiento de Iker, al descanso se fue el personal con esa cara que te queda cuando vas a coger el coche y te encuentras una multa con varios ceros en el salpicadero. El 0-2 era excesivo, pero premiaba la inteligencia táctica del Málaga y castigaba una extraña indolencia que en el caso del Madrid es pecado ("basura", en definición textual de Mourinho). Aquí nadie debe dormirse. El técnico portugués tiró la puerta del vestuario en el descanso con un triple cambio a lo NBA que asumía riesgos en caso de lesión. Pero Mou tiene eso que le hace grande. Si hay que morir, que sea matando y dando la cara...
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Efecto Khedira. Lass de 2 es más, y no busco la rima fácil. Y Xabi Alonso es requetemás si al lado tiene a Khedira y no al polvorilla francés. El Stielike del siglo XXI metió un gol por acoso y derribo que puso el Bernabéu patas arriba y desarticuló las líneas enemigas. Ese 1-2 abrió la caja de los truenos y en ese terreno el Madrid es tsunami, volcán y huracán a la vez.
Copazo. Ojo a la vuelta del día 10 en La Rosaleda. El Málaga tiene presupuesto e individualidades para ganar a quién sea. La afición malacitana apretará y será un partido digno de esta Copa cuyo título defienden los blancos. El camino lo marcó Benzema con su talento e Higuaín con esa voracidad en el 2-2 (pidió ánimo a la grada antes de que entrara la pelota, ¡qué crack!). Este 3-2 supo a gloria, como me dicen mis amigos Charly Croata, del Poncho Vikingo de Maspalomas, y José, Sonia y sus hijos Iker y Raúl, de El Bierzo. Buena gente.



