Lavalleja-Las Heras-Grandoli: el origen del fenómeno Messi

Barcelona | Los orígenes del crack azulgrana

Lavalleja-Las Heras-Grandoli: el origen del fenómeno Messi

Lavalleja-Las Heras-Grandoli: el origen del fenómeno Messi

reportaje gráfico: tadeo orfali

Visita a la casa en la que se crió, su escuela y el club que vio nacer al mejor futbolista del mundo.

Rosario es una ciudad polarizada futbolísticamente. Cada cuadra exhibe orgullosa sus colores provocando una guerra cromática que alinea a postes de luz, contenedores, paredes... Todo está teñido de auriazul o rojinegro. Canayas o leprosos. Central o Newell's.

A los Messi, Jorge y sus hijos Matías, Rodrigo y Lionel, les tira el rojinegro de Newell's, sin embargo, su manzana, tomada por los canayas, hoy luce un imponente escudo de Central a escasos metros de la casa en la que Lionel pasó su infancia. Situada en el 525 de la calle Estado de Israel, antes Lavalleja, cerca de la Avenida Uriburu y el Boulevard Oñoro, la casa presenta dos alturas y un pequeño patio protegido por una valla. Una vecina que posee un almacén frente a la casa de Leo nos advierte que "sigue siendo suya y su madre viene por acá a veces. Son una familia trabajadora. Gente humilde y cordial". Bien asfaltada, en esta tranquila calle del sur de Rosario que queda lejos del Río Paraná, jugaba Leo al fútbol a todas horas.

A 15 cuadras de allí está el club Abanderado Grandoli (o Centro de Educación Fisica Nº 8), donde arrancó la carrera futbolística de Messi. Hasta allí llevaba la abuela Celia a sus hermanos y al pequeño Leo. Un día, cuando Lionel contaba solo con cuatro años, faltó un jugador y la abuela Celia insistió a Salvador Aparicio, el entrenador, para que alinease al petiso Lionel ante pibes dos años mayores. Allí comenzó todo. Grandoli no es el sitio familiar que era. Los edificios de corte soviético que completan la postal del campo no se llenaron precisamente de buenas compañías y la zona es algo problemática según nos advierten. El campo, que alguna vez peinó hierba en sus bandas, es hoy un baldío de tierra. Una pequeña tribuna de tres escalones recuerda el sitio donde la abuela Celia y los padres de los chicos tomaban mate. En aquel equipo de Grandoli, Leo lucía el 10 y su primo Emanuel era el arquero con menos trabajo de Rosario. Lionel siempre tenía le pelota.

A Malvinas. A los seis años Jorge Griffa, coordinador de la cantera de Newell's, se plantó en casa de los Messi y convenció a Jorge para llevar a su hijo Leo al campo de Malvinas, instalaciones en la que aún se entrenan los más pequeños de Ñuls. El resto es historia.

Mientras maravillaba a todos con su zurda, Leo cursaba con desidia sus estudios en la Escuela General número 66 de Las Heras. El Aula Gabriela Mistral vio como Piqui, así le llamaban los compañeros, superaba los exámenes con alguna ayuda de su mejor amiga, Cintia Arellano, quien le pasaba las respuestas anotadas en un papel en los exámenes.

Pero si había un sitio donde Leo era el líder, era en los picaditos que jugaban en el patio del colegio, a la sombra del majestuoso árbol que lo preside. Los capitanes echaban a 'Pan y Queso' quien elegía primero, y el ganador siempre escogía a Messi. En aquel patio comenzó a fraguar su interminable historial de goles, que sigue dedicando a la abuela Celia.