Rondón, el Gladiador de oro
El venezolano anotó dos goles. El Espanyol reclama un penalti por manos de Demichelis. Penalti y expulsión de Galán no pitado. Un gran Málaga


Salomón Rondón es un goleador moderno con madera de ariete clásico, conocido como 'El Gladiador', un apodo muy de su agrado. Su alternativa en Primera no ha podido ser mejor. Lleva anotados 12 goles y ha alcanzado la cifra de su ilustre compatriota, Arango. Un seguro de vida para este Málaga que, 44 jornadas después, ha conseguido encadenar dos triunfos consecutivos para aferrarse a la vida, a costa de un Espanyol que, sobre todo en la primera mitad, no se enteró de la fiesta.
El equipo de Pellegrini salió a morder desde el segundo uno, amalgamando actitud, compromiso y fe a raudales: "Tenéis que ser unos killers", dijo a sus jugadores el vicepresidente Abdullah Ghubn, y así fue tal día como ayer.
Esa disposición y aplicación se vio complementada con la pequeña dosis de fortuna que otras veces se le ha negado. Fue en el minuto seis, Recio metió un excelente pase en profundidad avistando la carrera de Rondón. De manera incomprensible Amat falla en el despeje y el 23, de selecto zurdazo, hace inútiles los esfuerzos de Kameni, sembrando de banderas las gradas de La Rosaleda y de pesar a los pericos.
El Espanyol, que esta temporada ha hecho debutar a ocho canteranos, está realizando una temporada estupenda. Pero parece que le falta gasolina, o que le está fundiendo la responsabilidad de mirar por el retrovisor los equipos que amenazan su jerarquía en la Europa League. También es verdad que la ausencia de Javi Márquez le priva de criterio a la hora de hacer circular el balón; porque en el centro el campo, Apoño y Recio (increíble cómo corre este chavalín, parece que lleva toda la vida en Primera) se comieron literalmente a Verdú y Raúl Baena, jaleado por un nutrido grupo de paisanos suyos de Torrox.
El Málaga jugaba al límite, corría presionaba y no permitía ninguna licencia al su rival, ayer dormido, desconocido y desacertado. Una maravillosa jugada iniciada por Apoño terminó en un pase de la muerte de ese duendecillo llamado Portillo (Apoño dice de él que es la joya de la corona) y ¿quién si no? Rondón, convierte en el 2-0. Más fiesta.
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En la segunda mitad el Espanyol salió con otra actitud y hasta reclamó unas posibles manos dentro del área de Demichelis (minuto 48). Trataba de irse hacia delante, pero con poca chicha y menos limoná. Caballero, un extraordinario portero, sólo tuvo que emplearse a fondo en una ocasión cuando, a los 61 minutos desvió con solvencia y seguridad un poderoso zurriagazo del italo-argentino Osvaldo. Poco más.
El generoso esfuerzo de Seba, que no paró de correr, no se vio recompensado por el gol, pero la afición supo ser generosa y cuando fue sustituido, fue despedido con ovación muy cariñosa y con su nombre coreado. Lo mismo les pasó a Rondón y Portillo. Con el partido controlado, Delgado Ferreiro, desacertado, no vio una agresión de Galán a Weligton dentro del área. Debió pitar penalti y expulsión. Ni lo uno ni lo otro. El pescado ya estaba vendido.



