El fútbol entierra las vallas
Las verjas en los estadios españoles han pasado a mejor vida. Con la retirada de las últimas, situadas en el Teresa Rivero, el fútbol pierde a uno de sus últimos recuerdos del siglo XX. Su abolición es una muestra más de la continua evolución del deporte rey y un avance para sus aficionados.

Con la retirada de las vallas que rodeaban el terreno de juego del estadio Teresa Rivero se acaba con el último vestigio del fútbol del siglo XX. Quedan ya en la retina las imágenes de la gente apoyada o apretujada contra las rejas viendo un encuentro del deporte rey. En España, las vallas, o medidas de protección, se empezaron a ver en los diferentes estadios en la temporada 1976-77, tras suceder sendos incidentes con árbitros, jugadores y aficionados como principales protagonistas en el campeonato liguero.
El primero de ellos ocurrió el 6 de febrero de 1977, en un encuentro Barcelona-Málaga, en el que el colegiado madrileño Manuel Melero concedió un gol marcado con la mano por el malaguista Esteban, anuló otro al azulgrana Neeskens, y obvió dos jugadas en el área blanquiazul, que a ojos de los futbolistas locales habían sido penalti. Además, expulsó a Cruyff, máximo ídolo local al asegurar que éste le había insultado, mientras que el holandés afirmaba que se dirigía a su compañero Manolo Clares. Se formó un tumulto y varios aficionados saltaron al terreno de juego y agredieron al colegiado. Alguno, posteriormente, fue vanagloriándose del hecho en la Prensa.
Una semana más tarde, y en San Mamés, Miguel Reina, portero del Atlético de Madrid, es agredido por un espectador cuando se disponía a sacar de puerta en un encuentro ante el Athletic. Al término del mismo, que ganó el Atlético, varios seguidores bilbaínos intentaron golpear al colegiado guipuzcoano Guruceta, que había expulsado a Rojo y que no era bien visto para dirigir encuentros del conjunto vizcaíno.
Estos sucesos agotaron la paciencia de los estamentos deportivos competentes (Delegación Nacional de Deportes y Real Federación Española de Fútbol), que al día siguiente de este encuentro, emitieron una nota, donde se ordenaba "la instalación de vallas o fosos o cualquier elemento de separación entre sus campos de juego y el lugar destinado al público". Poco a poco, los estadios se fueron llenando de tales medidas de protección, pero aun así a final de esa misma temporada, hubo otro altercado en un Valencia-Zaragoza, que fue suspendido a seis minutos del final, tras señalarse un penalti a favor de los visitantes, con la consiguiente invasión de campo.
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Incluso la UEFA estudió la idea de imponerlas un año antes tras la agresión que sufrió el colegiado austriaco Erich Linemayr en el encuentro de Copa de Europa que enfrentó al Real Madrid y al Bayern de Múnich en marzo de 1976.
Origen. Sin embargo, la primera vez que hubo vallas en un terreno de juego fue en 1924, en Buenos Aires, con motivo de un partido que enfrentaba a Argentina y a Uruguay. Previsto para finales de septiembre en el campo del Sportivo Barracas, el encuentro no se pudo disputar debido a la gran cantidad de público asistente, lo que motivó su suspensión y consiguiente aplazamiento al 2 de octubre. En ese intervalo de tiempo se instaló un vallado que separó el terreno de juego del público para que éste no interrumpiese el juego. Desde ese momento serían costumbre en el fútbol sudamericano. Posteriormente saltaría a los diferentes campos de Europa.



