Cándido Gómez 'Candi'

"Tuve casi firmado a Beckenbauer con 20 años para el Granada"

Cándido Gómez (Porriño 1928) cumplió primero una etapa como meritorio portero (años 40 y 50) para luego convertirse en el Santiago Bernabéu del Granada en su etapa más brillante, en la que lo mantuvo ocho campañas seguidas en Primera (68 al 76) haciendo fichajes de renombre.

Cándido Gómez 'Candi'.
Marco Ruiz
Redactor Jefe Real Madrid
Nació en Granada en 1977. Licenciado por la Universidad Europea, entró en AS en 1999, por tanto, es canterano y ‘one club man’. Tras hacer la información del Atlético dos años pasó a formar parte de la sección del Real Madrid, de la que ahora es su Redactor Jefe. Cubrió la Eurocopa de 2008, tres Mundiales de Clubes y una final de Champions.
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¿Cómo llegó a hacerse portero en los años 40?

Pues jugando en la calle allí en Porriño, de donde yo soy. ¡Como no servía para delantero me ponían de portero! Y tengo grandes recuerdos de aquella época. Algunos malos, como cuando estalló la Guerra, que nos pilló jugando al fútbol en la plaza del pueblo. Son cosas que no se olvidan, escuchar aquellos tiros con ocho o nueve años y ver a todo el mundo corriendo para sus casas.

Llegó a militar en el mítico Athletic de aquellos años. ¿Cómo llegó hasta allí?

Yo jugaba en el filial del Logroñés con 16 años, aún de aficionado. Y me vieron los ojeadores y me llevaron. Fue un premio, porque en aquella época el Athletic era el equipo favorito de todos los españoles. Estaban Lezama, que era el portero, Panizo, Zarra, Gaínza... Yo era el más jovencito de la cuadrilla y me trataban como a un hijo.

¿Qué cualidades tenía usted como portero?

Tenía buenas condiciones. Era alto, y aprendí mucho de Lezama, que fue de los primeros que jugaba fuera del área con los pies. Y esa era mi mejor virtud, que salía muy bien de puerta. Aquello me creó problemas en el Granada, porque la gente no estaba acostumbrada.

¿Cómo llegó al Granada?

Desde el Valladolid, donde me mandó el Athletic porque era imposible jugar allí. El presidente me dijo: "Eres muy jovencito y necesitas jugar, y aquí es imposible". Y tras una temporada no renové por temas económicos. Y fui al Granada.

¿Y qué se encontró en aquel granada al llegar en el 48?

Era un equipo muy competitivo. De los primeros que rendía bien fuera de casa, algo muy raro en aquella época y que luego fue mi gran lucha también.

¿Qué jugadores había?

Había un jugador madrileño que se llamaba Trompi. Morales, un delantero centro de Cieza. Fraga Estaba Arencibia, que había jugado en el Atlético. Valentín Sosa, un medio canario extraordinario. Y había una parte defensiva que fue la menos goleada dos años: Candi; Millán, Lesmes y Rey (habla de Segunda División).

¿Lesmes el del Madrid?

No, ese era el hermano, al que entonces no conocía casi nadie. El que jugó conmigo, Lesmes I, ha sido el mejor jugador que yo he conocido en el puesto de defensa central. ¡Un escándalo! En esta época no habría dinero para pagarlo. Era un defensa de mucha categoría. Luego se fue al Valladolid.

¿Llegó a coincidir en el Granada con Pahiño? (Gran goleador, que jugó en Celta, Depor, Madrid y Granada).

¡Cómo! Era muy amigo mío. Yo lo recomendé al Granada y terminó su carrera allí. Era un delantero centro trabajador y luchador. En nuestra época no se jugaba con filigranas. Era un fútbol más largo y de más fuerza. También vino Igoa ese año.

¿Por qué no jugó usted la final de Copa con el Granada?

Me había ido justo ese año (58-59) al Levante. Luego volví y me retiré definitivamente en 1961. Fue por el entrenador, Heriberto Herrera, que era un hombre muy serio. Tenía un carácter demasiado fuerte aunque era buen técnico. Trataba a todos con mucha dureza. Yo era veterano y estaba en el Granada más bien de compromiso, porque ya tenía mis negocios y el fútbol casi me costaba dinero y sacrificio. Y en un entrenamiento le habló mal a un compañero, me planté y me fui. Yo casi era más un miembro de la directiva que un jugador.

¿Cuántas veces jugó contra Di Stéfano y Kubala?

Cuatro o cinco. Di Stéfano no me llegó a marcar. Kubala sí, me metió dos en Los Cármenes. Lo de Di Stéfano era un escándalo. El timón del barco del Madrid. Un todo terreno que se sacrificaba y trabajaba por todos. Eso ya no existe. Sale uno cada cien años. Y Kubala también era un gran futbolista, pero era un polo opuesto. Este jugaba de centro del campo para adelante. Di Stéfano estaba en todo el campo.

¿Cuál fue su mejor parada?

Por importancia, una que le hice a un delantero brasileño del Valencia en un partido que teníamos que ganar para no descender. Faltando cuatro minutos, con 1-0 en Los Cármenes, ya me había lanzado para un lado cuando el balón pegó en alguien y cambió de dirección. No sé ni cómo, me volví en el aire y la saque cuando el balón se metía dentro. Esa parada valía la permanencia...

¿Recuerda los enfrentamientos contra el Madrid?

Hombre, sobre todo siendo yo presidente, porque fuimos a Madrid y les ganamos 0-1 (temporada 73-74). Fue en la época de Miguel Muñoz. Y ese año le cesaron porque el Madrid quedó por debajo del Granada en la clasificación. ¡Para todos los granadinos fue un honor! Imagínese, verse por delante del todopoderoso Real Madrid.

Entiendo...

Yo entonces iba a las reuniones de la Federación y coincidía con Antonio Calderón, que era un secretario extraordinario que tuvo Bernabéu, de una capacidad enorme, tanto que manejaba muchas áreas del club. Y le gasté una broma en una Asamblea porque nos sentábamos según el orden de la clasificación: "¡Pero Calderón, cómo está usted detrás después de tantos años de verle delante!". Todo el mundo se reía "Calle calle", me decía, "la que tenemos montada aún...".

Y luego usted terminó fichando a Muñoz como técnico

Y fue precisamente el año que descendimos a Segunda División (en la temporada 75-76). No era igual entrenar al Madrid que al Granada. El Madrid nos ganó en Granada 2-0 ese año ya teniendo ellos asegurado el primer puesto en la clasificación. ¡El Madrid no le echa una mano a nadie! Con un empate nos valía para quedarnos en Primera.

¿Llegó a tratar a Bernabéu ya como presidente?

¡Claro, hombre! Era como un padre para mí en el fútbol. Yo fui presidente muy joven y él te escuchaba aunque estaba a una altura distinta. Era bonachón, abierto. No ocultaba nada. Te daba mucha confianza. Yo creo que Bernabéu me veía como si fuese su hijo o algo así...

Luego usted fue el Bernabéu del propio Granada.

Bueno, estuve como 30 años al servicio del club. Como jugador y como presidente.

¿Cómo se están haciendo ahora, a su juicio, las cosas en la directiva?

Quique Pina lo está haciendo bastante bien. Tiene un equipo muy bonito, porque el conjunto de jugadores es muy parejo. No hay una figura, todos tienen un nivel bastante alto y parejo.

¿Cómo formó usted el mejor Granada de la historia, en las ocho temporadas seguidas en Primera, desde la 68-69?

Conocía el fútbol desde sus cimientos. Luego, tuve suerte con los jugadores que firmé.

¿Los elegía usted?

Sí, todo lo que se movía en lo deportivo era mi responsabilidad. La Junta me tenía cedido ese poder para comprar, no tanto para vender.

¿Cómo fichó a Aguirre Suárez? ¿Es verdad que había estado en la cárcel por lesionar a un jugador?

Era un muchacho que se entregaba a defender los colores del que le pagaba. Vino ya maduro y harto de jugar en Estudiantes. Pero me ayudó mucho a mentalizar a los jugadores para rendir fuera de casa. Este decía: "Presi, yo no concibo que el jugador español rinda al 50 por ciento fuera de casa". Todo el mundo le tenía mucho respeto. A este no le imponía jugar ante el Madrid o el Barça.

¿Y lo de la fama de ser el equipo más duro del fútbol español? Cuentan que los jugadores del Madrid se despedían de sus familias antes de ir a Granada.

¿Mi equipo duro? Eso es un cuento que nadie se cree. Tanto entonces como ahora el jugador de fútbol no se puede asustar fuera de casa. Yo tengo esa mentalidad. Me daba igual jugar en casa o fuera. Y siempre mentalicé a mis jugadores.

¿Y la pareja Aguirre Suárez-Fernández?

¡Si Fernández era un pedazo de pan, hombre! Lo que pasa es que el estilo de jugar de este muchacho no era suave. Pero vamos, lesionó a Amancio como Amancio pudo haberle lesionado a él. Era duro, sí, pero sin mala uva. Luego en su vida normal era muy noble. Este también me lo decía: "Presi, yo no sé cómo son los jugadores españoles que salen fuera de casa y se acojonan".

¿De cuál de sus fichajes está más orgulloso?

Bueno, yo ascendí al Granada en mi primer año como presidente. Mi mentalidad siempre fue de renovar las cosas, y eso intentaba hacer en el fútbol. Éramos un club modesto, pero siempre estábamos por encima de nuestras posibilidades económicas. Casi todos los jugadores que trajimos de fuera funcionaron: un austríaco que jugaba en el Bayern Múnich, Parits, que era extraordinario. Y sudamericanos de mucha talla: Maciel, un delantero centro paraguayo extraordinario. O Escobar, un extremo uruguayo buenísimo. O Gustavo Benítez, un central paraguayo que era el mejor que había en España, al que tenía vendido al Madrid para final de temporada y que tuvo que salir por piernas de España porque había tenido un lío de faldas con unas jovencitas. Ya sabe lo que pasaba con la gente que venía de por ahí, que se le daban muy bien las niñas. Por cierto, también vino Mazurkiewicz, el portero uruguayo de Peñarol, y terminó jugando sólo un partido con la buena fama que tenía. Por aquel entonces había dos buenos metas, Niño e Izcoa, y no se lo pusieron fácil.

¿Vendió usted a muchos jugadores al Madrid?

No, pero al Barça sí, Y mira que soy del Madrid. Pero el Barça se portó siempre muy bien con el Granada. No tengo más que sacarme el sombrero. Montalvo se portaba muy bien con nosotros. Les vendí a Barrios, De la Cruz... Y siempre que necesitábamos algo nos lo daban. ¡El Madrid, por contra, no daba jugadores ni de broma!

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¿Y el fichaje que nunca pudo conseguir?

Beckenbauer no vino por unos pequeños detalles. Estaba casi fichado, y se chafó porque tenía 20 o 21 años y era estudiante, y prefirió terminar su carrera allí. Y también estuvimos a punto de traer al delantero centro de aquel Bayern...

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