Otro 'siete' a Pellegrini
Sergio selló el triunfo navarro en el 92'. Seba falló tres goles cantados. Osasuna se aleja del descenso. El público despidió a sus jugadores con bronca


A Manuel Pellegrini no le ha servido de nada haber tirado de manera bochornosa el partido del pasado jueves en el Bernabéu alegando que "hubiera sido una irresponsabilidad salir a ganarlo". Un canto a la desidia y a la relajación que tuvo su prolongación en otra pésima puesta de largo de un Málaga que se desangra, que se consolida en la UVI, en pleno vacío de poder y con toda una sociedad esperando la llegada del jeque Al-Thani como si fuera Mister Marshall. ¿Quién manda en este Málaga? ¿Quién permite esta ruina? ¿Dónde está el vicepresidente, Abdullah Ghubn? De echar broncas en pleno vestuario (precisamente en Pamplona) ha pasado a ni aparecer. ¿Motivo?
Osasuna, el rival por quien El Ingeniero regaló un partido a José Mourinho, hizo lo que tenía que hacer: ganar y dejarse de gaitas, de reservas, de pasotismo y de apatías. El equipo navarro llevaba 13 meses sin ganar allende su Reyno de Navarra. Pero Málaga es un paraíso. Destino turístico ideal para que sus visitantes se lleven sol y puntos. Un oasis de felicidad para los de fuera... y un martirio para los de casa, los que de verdad sufren y lloran con el derrumbe de un equipo pésimamente confeccionado y con un presidente ausente.
Sergio Fernández, un excelente defensa (cuando jugaba en el Celta fue espiado junto con Fernando Sanz en La Rosaleda por el Manchester United) fue el honesto héroe que se encargó de aburrir y hasta desesperar al Gladiador Rondón y rematar de cabeza a la escuadra un gol que da la vida a una entidad que, de siempre, exporta compromiso y seriedad. No fue uno de los peores partidos del Málaga (imagínense lo que llevamos aguantando en esta horripilante temporada), de hecho Seba Fernández tuvo hasta tres clarísimas oportunidades para marcar. Tres. Que se dice rápido. Pero no fue su tarde. Una pena. Este uruguayo se dejó la piel sobre el campo, peleó, luchó y, cuando fue sustituido, la grada le despidió con aplausos. Pellegrini sacó a Juanmi, antes "séptimo delantero" del equipo, hoy candidato a futuro salvador. Y no sentó, ante el asombro de la grada, a un Quincy que sigue erre que erre empeñado en demostrar que es más chupón que Drazen Petrovic y Onésimo juntos, aunque con la diferencia de que estos sí eran efectivos...
Efecto gaseosa. Y bueno. El Málaga tuvo su clásico 'comienzo gaseosa', chispeante pero con veloz pérdida de gas. Osasuna, sin despeinarse, se puso el mono de trabajo. Los Puñal, Nekounam y compañía se bastaban para desbordar a un centro del campo local sólo a flote por la vergüenza torera de Recio o las ayudas de Apoño. Las mencionadas tres ocasiones de Seba, un paradón de Ricardo tras un despeje de Nekounam y algún que otro tirito lejano de Eliseu fueron el escaso bagaje ofensivo local. Y Osasuna, que parecía conformarse con el empate, se dio cuenta de que en este estadio es de tontos irse sin 'algo más'. Tras una plástica jugada de Camuñas, la clásica falta lateral en la que tanto sufre el Málaga llegó a la cabeza de Lolo. El onubense remató al poste en una acción similar a un gol que anotó en este estadio siendo jugador del Sevilla. El Málaga se despistó una vez más y Sergio, en una nueva acción de estrategia, fusiló a un Willy Caballero que segundos antes le había hecho un paradón al húngaro Vadocz.
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Y otro ejemplo más del caos al que Manuel Pellegrini tiene sometida a su escuadra vino en la última jugada del partido. Mientras Wily Caballero subía con la intención de rematarlo, el Málaga lo sacó... en corto. ¡Vaya obra de ingeniería! Lo peor fue que esa ultima acción terminó en ataque de... Osasuna.
De esta manera, Osasuna consolida los efluvios del 'efecto Mendilibar' en tanto que el Málaga se abona al 'defecto Pellegrini'. Tras el 'siete' que se llevó en Madrid, un nuevo 'siete', roto o descosido acaso más doloroso. El público, anonadado con lo que está padeciendo, despidió a sus jugadores con abruptos gritos de "¡mercenarios!". Y Pellegrini, de rositas. ¿Hasta cuándo?



