Alemania | La intrahistoria

La fórmula: ni estiramientos ni agua

Tomás Roncero
Nació en Villarrubia de los Ojos en 1965. Subdirector de AS, colaborador del Carrusel y El Larguero y tertuliano de El Chiringuito. Cubrió los Juegos de Barcelona 92 y Atlanta 96, y los Mundiales de Italia 90, EE UU 94 y Francia 98. Autor de cuatro libros: Quinta del Buitre, El Gran Partido, Hala Madrid y Eso no estaba en mi libro del Real Madrid.
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El pasado 29 de julio, Raúl se calzó las botas y se entrenó por primera vez a las órdenes de Felix Magath. Un doberman como entrenador, que es temido por casi todos los jugones de la Bundesliga. Se entiende analizando sus primeros pasos en este mundo. Magath fue hijo de un soldado puertorriqueño del Ejército de los Estados Unidos. La madre es una alemana de la Prusia Oriental... Raúl, con sus 33 años a cuestas, se ejercitó con fiereza, como acostumbra. Los 31 grados de la cuenca minera germana no le arrugaron. Pasadas dos horas y diez minutos de entrenamiento, los más jóvenes se agarraban a las vallas del campo para evitar los mareos. Algunos vomitaron. Raúl preguntó y la respuesta del técnico de acero fue inflexible: "Hasta el final del entrenamiento no se puede beber agua". Raúl se fue a su casa de Dusseldorf cansado pero radiante. Era lo que buscaba. De hecho, Magath le había convencido de irse al Schalke diez días antes en una comida en el restaurante La Dorada de Madrid. Metzelder hizo de maestro de ceremonias, pero fue Magath el que hechizó al eterno capitán blanco. Días más tarde, el Schalke fichó a Escudero, joven lateral del Murcia. Su primer entrenamiento fue tan duro que el chaval perdió el conocimiento. Magath lo reventó. Raúl le animó al despertar y le explicó que su nuevo jefe era implacable en el trabajo, pero que su cuerpo lo acabaría agradeciendo. De hecho, están prohibidos los estiramientos. Y Raúl está más fuerte que nunca. Y es finalista...

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