Lucha, casta y honor
'Fiesta Adebayor' en el Bernabéu, con un broche de oro en esta semifinal de vídeos, polémicas y goles merengues (tres, el Sevilla no metió ni uno). El Madrid vuelve a una final siete años después. Espera el Barça. Mejor así. Revancha total.


Éxtasis vikingo. Siete años esperando este maravilloso momento. Siete años soñando
con una final que rehabilite al Madrid en lo más alto del Olimpo del fútbol. Siete años imaginando un viaje de más de 25.000 vikingos que recuperarán el orgullo de ser madridista en un país que empezaba a barçacizarse de forma peligrosa. Siete años dibujando en nuestros corazones esa imagen celestial de Iker Casillas levantando una Copa del Rey. Sería la 18ª... 18 años después de la última ganada en Mestalla al Zaragoza. Los números dibujan la ruta de El Dorado Blanco para un Madrid que presenta su candidatura ante un rival que por más goleadas que logre, fijo que anoche habría suspirado si el Sevilla hubiera logrado la machada. La gente del Barça asume que el Madrid nunca muere y que siempre vuelve. Lo sabe el sabio Guardiola (Pep, has sido un señor con tus declaraciones) y el profeta Cruyff. Ellos han sufrido durante mucho tiempo ese trueno irracional que convierte a los boinas blancos en jugadores sin complejos. El Barça tiene el fútbol y un estilo. Pero el Madrid posee fe, autoestima y un cañón de orgullo en cada bota. El 20 de abril, que cantarían los Celtas Cortos, se detendrá el mundo. Será la gran revancha. ¿Quién dijo miedo?
Mago de Oz.En la víspera, mi pequeño Marcos me dijo que me sentase a su lado para ver aquella película inolvidable de Judy Garland, la oscarizada El Mago de Oz. Lo hice y pensé: "Esto puede ser premonitorio. Özil será clave mañana". Y así fue. El turco-alemán es un jugador de otra dimensión, un milhojas de crema que convierte cada toque de balón en un momento Martini. Su gol, quebrando la cintura de Javi Varas, rubricó la sentencia y una entrada para la final soñada y prometida. Y ojo, el pase de lujo se lo dio su compatriota Sami Khedira. La conexión germana ya funciona.
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'Manolito', el 5.000. Adebayor es otra cosa. Mourinho quería cazar con perro y en una sola acción el to-golés (analicen el significado bisilábico de la nacionalidad del africano) justificó su fichaje. Control de pecho perfecto y voleón de killer para firmar el gol 5.000 del Madrid en casa y el 2-0 que puso en pie a una afición hambrienta y deseosa de volver a cantar el "¡campeones, campeones!".
Arrebato merengue. El pitido final dio pie a una catarata de mensajes, llamadas y gritos emocionados desde los balcones de casa. La España madridista, que sigue siendo mayoría, ha recuperado la ilusión con este ganador genético llamado Mourinho. Me lo dicen entusiasmados los hermanos Regalado de Salamanca, Regidor (el mejor linier de la historia), la Peña La Clásica, Fuenteovejuna, Ferrari de Villafranca de los Caballeros, Middelkerke, Ángel de Javea, Esplugas, Mateo de Gibraleón, Fernando de Calatayud, Ibérica de Gijón y Calandina de Teruel. A por el Barça. ¡VIVA LA COPA!



