Tengan ustedes feliz Navidad

Tengan ustedes feliz Navidad

El músculo duerme, la ambición descansa. Anoche los amigos de Casillas y los amigos de Figo bajaron el telón en un acto solidario y amable, en el que pudimos aplaudir de nuevo a Zidane, a Futre, al propio Figo y sobre todo a Guti, ese eterno rebelde sin causa al que siempre echaremos de menos. Esta noche es Nochebuena y mañana Navidad, así que entramos en días de recogimiento, familia y paz. Mourinho ha tomado el avión hacia Nueva York, pero antes nos deja un posado navideño con Florentino y sus capitanes, estampa de brindis y sonrisas, promesa de buena voluntad para su regreso.

Así debe ser. Butragueño recuerda en una entrevista en EFE que se puede ser competitivo y elegante. Que hay que ganar, claro, pero no de cualquier manera. Que el respeto debe estar siempre presente. Es buena esta tregua navideña para recordar que el deporte fue concebido para la paz. Como tregua sagrada en el mundo antiguo, como exaltación de valores (sí, valores) a mediados del XIX. Que se trata de exaltar las virtudes físicas, pero sobre todo morales, de la especie. Que el que pierde y el que gana son igualmente honorables y que se deben respeto mutuo dentro de un acuerdo de lealtad a unas reglas.

Claro, la vorágine nos hace perder esa visión. Por eso es bueno aprovechar la calma de estos días para recordarlo. Para ver el partido feliz de ayer, o para recordar el elegante duelo de ida y vuelta que Nadal y Federer mantuvieron las vísperas, también con fines benéficos. Para abrazar con el alma a ese Simao que se va como un caballero ("Tras haber vestido esta camiseta me siento mejor persona", dijo), para recordar a Jarque y el hermoso detalle de Iniesta, para aprestarse a ver, una vez más, a los niños del Torneo Internacional de Fútbol Siete, que están al llegar. Para proponernos ser mejores. Feliz Navidad.