¡Reyes de Europa!
El Bernabéu ya sabe a qué atenerse en esta Champions. Con Mourinho todo es posible. Ni Ronaldinho, ni Robinho, ni Pato, ni gaitas. En minuto y medio, Cristiano y Özil dibujaron el tercer pleno de un Madrid que no tiene techo.


Éxtasis europeo. El Madrid disfruta de sus días de vino y rosas de la mano de un entrenador que ha recuperado la ilusión de una afición entregada a la causa. El Bernabéu vibró con una velada de las de antes. Con una superioridad manifiesta que no se tradujo en más goles porque el guión no lo exigía. La bendita realidad muestra a un equipo sólido como una roca e inaccesible para sus rivales. Decían que este Madrid no se había enfrentado a ningún Miura hasta la fecha, pero esos mismos fiscales estarán tapados después de ver cómo el Milán quedó difuminado como una hoja de otoño, pese a sus siete Copas de Europa y su póker mediático: Ronaldinho, Ibrahimovic, Pato y Robinho. El Bernabéu llevó en volandas a un equipo que cree en lo que hace y por qué lo hace. Éste es el camino para que el Madrid vuelva a la cima del fútbol mundial...
'Demolition man'. Ése es el apodo que se ha ganado Cristiano Ronaldo. Un futbolista fuera de serie, que posee un físico digno de un búfalo (con una pegada que firmaría George Foreman) y una técnica depurada, digna de una gacela (baila y pica como hacia Cassius Clay). En sólo 92 segundos, el mago portugués tumbó el proyecto multimillonario de Berlusconi. Primero, con un gol lleno de decisión, precisión e intuición. La puso en la barrera porque olió que por ahí estaba el peligro. Un genio. Y en el segundo tanto regaló una golosina a Özil para que el turco-alemán plasmase un 2-0, que dejó a Allegri con cara triste. Un Allegri que estaba muy poco ídem cuando sólo llevaba un cuarto de hora de partido. Los 2.000 tifossi que copaban el ala norte del estadio rumiaban su silencio ante la explosión del gran candidato a revolucionar este año la Champions. Algunos se olvidan de que el entrenador del Real Madrid es el rey de la competición.
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Ronaldinho, jubilado. Hace unos años este estadio, sabio y justo, aplaudió las fantasías de este brasileño que llegó a cautivar el mundo entero. Pero anoche se comportó como un estafador de este espectáculo. Se limitó a andar, pero eso ya lo hacen todas las mañanas mis señores padres por el parque del barrio, y no cobran un euro por ello. El abucheo final fue el justo castigo que anticipa la jubilación futbolística de una estrella sin luces. Un bluf.
Espíritu de Champions. La gran victoria se gestó horas antes en el restaurante La Mancha, regentado por el irreductible Toñín El Torero. Nada menos que 72 peñistas llegados de toda España compartieron la ingesta de un cocido memorable que alimentó la ilusión de una afición que ha dado barra libre a sus sueños. Con Harry Potter en el banquillo (Mourinho, entiéndeme) todo será posible. Su manera de manejar las ilusiones de su joven plantilla es felizmente reveladora. Cristiano y Mou se salen. ¡Esos portugueses, qué buenos son!



