Liga BBVA | Athletic 2 - Zaragoza 1

El Athletic se queda muy corto

Apabulló en el arranque. Iraola y Llorente anotan, pero se malograron muchos remates. El Zaragoza, impotente, despertó tarde. Grave lesión de Ibai

El Athletic se queda muy corto
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Todo aquel que desconociera los pormenores de la crisis del Zaragoza, tres míseros empates en siete jornadas, pudo empaparse ayer en San Mamés. Ante un Athletic que le sacó los colores en media hora apabullante, afloraron todas sus miserias, condensadas en un déficit de tensión imposible de asumir a la vista de su escuálido casillero. Los rojiblancos, su antitesis en el apartado de agresividad y decisión, se aprovecharon para resolver cómodamente. Fue un triunfo de pura inercia: si sólo uno quiere...

En el debe del anfitrión cabe poner el hecho de que no obtuviese un margen superior. Pese a que su éxito nunca estuvo en riesgo, remató como para haberse anotado una goleada. Eso y una media hora final a beneficio de inventario que deslució un tanto su actuación global, así como el marcador.

El Athletic hizo sus deberes con celeridad, amagó con machacar para, a la postre, darse por satisfecho con el botín, mientras el Zaragoza tiraba de orgullo y conseguía al límite maquillar un rendimiento muy deficiente.

El Zaragoza se plantó en Bilbao con un punta, Sinama, y tres centrales, la pareja clásica y Pintèr, una especie de pivot ejerciendo de tapón por delante. Tanta preocupación por Llorente se reveló enseguida como una pose, además de resultar estéril. El problema, en vez del ariete, lo plantearon entre Susaeta y Toquero, cuya permuta de posiciones llevó a los maños por la calle de la amargura. La citada pareja generó la mayoría de las situaciones de ataque hasta que el Athletic tuvo el marcador a su gusto, con dos goles.

Pero detalles aparte, el plan de Aurelio Gay fracasó con estrépito porque bastante más valor que la pizarra tiene la actitud, la disposición del futbolista, y los que ayer vestían de blanco se manejaron con una tontera importante. Expectantes, remisos, lentos, permitieron que el balón corriese entre las botas locales con una fluidez impensable y en todas las franjas del terreno.

El Athletic iniciaba desde atrás o en la línea divisoria y cualquiera recibía en condiciones de girarse o avanzar, siempre en ventaja para dar continuidad al lance, incluso al borde de la frontal. De modo que los apuros para Doblas fueron sucediéndose en un monólogo abocado a establecer diferencias.

La laboriosidad de Ander y Gabi, en un intento por descongestionar, apenas interrumpió la iniciativa rojiblanca. Llorente cabeceó mal la primera, Diogo evitó el gol poco después y un despeje a donde no se debe despejar de Pintèr permitió a Iraola poner la guinda a su partido de competición número 300.

Quizás el portero se estiró tarde, aunque luego detuvo una volea sin oposición de Toquero. Llorente malgastó su segundo cabezazo, no así el tercero, servido con mimo por Susaeta tras desembarazarse de cuantos rivales le salieron al paso a base de amagos y recortes. Todo esto en sólo veinte minutos. Los ostensibles gestos de desesperación de Gay completaban un cuadro terrorífico para un conjunto que empieza a acumular motivos para preocupar a su parroquia.

Luego, el Athletic bajó el pistón, lo que no impidió que Iraizoz siguiese inédito. Unicamente tuvo que responder en el inicio a un zurdazo de Ander, un espejismo.

Final anodino. Antes del descanso, Toquero y Susaeta aún ligaron una contra que no fue gol de milagro y el linier erró al anular un salto de Gurpegi, quien se anticipó a Doblas al saque de una falta.

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Todavía con Pintèr, Llorente pudo ampliar su cuenta gracias a un magnífico centro de Susaeta. Una vez expulsado por torpeza reiterada, Gay optó por proteger a Ander, mientras Caparrós promovía otro estreno, el de Ibai.

El partido no tenía vuelta de hoja posible y en adelante el Athletic se dedicó a no exponer lo más mínimo. El tremendo infortunio de Ibai dio un giro inesperado al encuentro, el Zaragoza adelantó líneas y enfrente optaron por guarecerse, todo lo cual deparó un final que no refleja fielmente la distancia que separó a los de Caparrós del nuevo colista de Primera.

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