"Di Stéfano decidió que se jugase en Montevideo"
Actor y futbolero, por este orden. Madridista y del Peñarol. Tendrá el corazón partío en el Trofeo Bernabéu.


¿Qué hace el inolvidable Curro Jiménez hablando con este servidor sobre el Madrid-Peñarol de este martes?
Le recuerdo que este actor vocacional se tuvo que ir de Madrid con su familia a Montevideo porque la Guerra Civil nos exilió hasta allí. La parte buena del drama fue que cuando el Madrid de Puskas, Di Stéfano y Gento jugó la ida de la Intercontinental en Uruguay en 1960 pude ir al campo a ver el partido. Yo me hice y soy aurinegro, muy hincha del Peñarol... ¡Pero, por supuesto, también del Real Madrid!
También estuvo in situ en el partido de 1966, con motivo de la segunda Intercontinental.
Sí, pero aquella vez fui como aficionado. Yo me hice muy amigo de Alfredo (por Di Stéfano) y de Pancho (por Puskas). Mi mujer es uruguaya y me acostumbré a saltar el charco a menudo. Allá que fui. En Montevideo contemplé como Amancio se abrazaba a su padre después de muchos años sin verle. Eran otros tiempos.
En la final del 60 el campo estaba embarrado como si fuera una chocolatera.
Miré, yo fui al hotel del Madrid, el Victoria Plaza, con un actor muy amigo mío, Alberto Candeau, y asistimos a una escena que demuestra el poder que tenía Di Stéfano. Llovía que daba miedo y resulta que en Argentina y Uruguay cuando llovía se suspendía el fútbol. Estábamos en el hall del hotel tomando un café con Di Stéfano, al que acompañaba su padre, que había sido portero de San Lorenzo o de Boca, no recuerdo bien. En estas se le acerca don Santiago Bernabéu y le pregunta: "Alfredo, ¿qué hacemos? ¿Jugamos o no?". Y Alfredo ni titubeo: "Claro que jugamos. Los uruguayos en el barro no dan ni una". Empataron 0-0 y en el Bernabéu les metieron cinco en la vuelta. Di Stéfano era el número uno y el que mandaba. En todo...
¿De qué venía su amistad con él?
Yo era amigo de Rial, que había jugado en el Arsenal de Montevideo y vivía en mi mismo barrio. El hombre llegaba después de los partidos a un bar en el que coincidíamos y siempre me decía: "Galleguito, como llamaban a los españoles que vivíamos allí, tráeme hielo para las piernas". Luego fue él el que en España me presentó a Di Stéfano.
¿Y que tal con la 'Saeta'?
Me venía a ver al teatro y me decía: "Ché, qué partido te jugaste". Aquí en España salíamos Rial, Alfredo y yo con un extremo uruguayo muy bueno, pero muy vago, que se llamaba Julio César Britos. Íbamos al lado de Cibeles a una cafetería que se llamaba Canaletas, ya es curioso el nombre. También íbamos al Mesón de Fuencarral a comer. Alfredo llegaba siempre al restaurante escoltado por un policía municipal que no veas la que liaba con la sirena. ¡Es que Di Stéfano era una celebridad, chaval!
¿Tiene tan mal carácter?
Para nada. Conoció a un muchacho que ganó una carrera de camareros, bandeja en ristre, en la Ribera de Curtidores. El chico quería ser torero y Alfredo le apadrinó. Enfermó de tuberculosis y le pagó el hospital durante un año entero, en el Puerto de los Leones. Luego el chico sanó, lo envió a Buenos Aires y le logró un empleo. Di Stéfano es muy grande.
¿Qué pasó tras el 0-0?
Como era un buen resultado para la vuelta, nos fuimos a tomar algo a una discoteca, Achito, cuyos directores eran húngaros. Puskas se abrazó a ellos como si fueran sus hermanos. Qué tío con más corazón. Me dedicó una foto que no olvido: "A Sancho de Pancho".
En 1966 el Peñarol se tomó la revancha.
Dieron un baile al Madrid allí y aquí. Jugaba el padre de Forlán. Pero su hijo es mejor todavía. Qué goles mete...
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