En el Camp Nou será más serio
Triunfo valioso del Sevilla para la Champions. El Atlético, se preveía, jugó a medio gas. Luis Fabiano, gol y lesión. Se guardaron lo mejor para la final.


Fue como una vuelta de reconocimiento, una inspección rutinaria. Sevilla y Atlético de Madrid se echaron un vistazo, se palparon un poquito y dejaron asuntos pendientes para el 19 de mayo. El desenlace fue de una lógica aplastante. Ganó el Sevilla, que persigue casi con desesperación la Champions, su primer objetivo de la temporada. Y se midió un rato el Atleti, concretamente un cuarto de hora. Sólo por hacerse respetar y enseñar algún arma que haga pensar al Sevilla lo difícil que le será levantar la Copa. Pero ni Quique ni sus jugadores estaban de verdad en la batalla de ayer. Por eso, cuando el asunto tuvo pinta de encanallarse lo más mínimo, el Atlético bajó el pistón y se dejó llevar. El suyo fue un partido de entreguerras, a la vista como está de la semana más importante en sus últimos 14 años de historia: Hamburgo y Barcelona.
El sevillismo respondió a la llamada del club, que organizó una bonita semana de la afición, y casi llenó Nervión. Su equipo le correspondió con un primer cuarto de hora eléctrico en el que aprovechó dos novatadas defensivas del Atlético que ya se suponían en el baúl de los recuerdos para adelantarse primero (1-0) y reaccionar al gol de Tiago después (2-1). La primera pifia fue de Perea, que no acertó a quitar el cuerpo de la trayectoria de un balón que cayó delante de Luis Fabiano. O Fabuloso lo mandó dentro y lo celebró feliz, completamente ajeno al mal destino que le esperaba. El segundo error fue de Valera, que quiso medirse en una carrera a Adriano y no se preocupó en pensar que si llegada tres décimas tarde se llevaría al brasileño por delante. Fue justo lo que pasó. Transformó el penalti Negredo, que llevaba desde el 25 de febrero (Moscú) sin marcar en partido oficial y desde el 31 de enero sin hacerlo en Liga. Negredo adelantó al Sevilla y luego cerró el partido también desde los once metros. Konko exageró un agarrón light de Perea y Pérez Burrull picó. 3-1. De ahí al final, el partido fue una siesta, un ahorro de energía descarado. Púgiles mariposeando en el ring, golpeando al vacío.
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Quique mezcló el equipo. Cambió el centro del campo como en las últimas dos semanas pero le dio camisetas titulares a Agüero y Reyes. A los dos le quedaban aún reflejos de la sobrexcitación con la que jugaron el jueves en Anfield. El Kun tuvo hasta ganas de guerra con Zokora y por momentos estuvo inalcanzable para la defensa del Sevilla. Reyes se llevó una ovación cerrada del Pizjuán que hizo feliz a su familia, que lo vio desde la grada. Es fabuloso ver de nuevo a Reyes en la buena onda.
El Sevilla, que ha recuperado ciertos tics esperanzadores en el fútbol ofensivo, sólo recibió una mala noticia en un partido que le deja todavía quinto por el triunfo del Mallorca. A Luis Fabiano se le cayó encima del tobillo Perea y se hizo el silencio en Sevilla. En principio, su participación en la final no corre peligro. Pero en Nervión ya saben cómo maneja sus hilos la Confederación Brasileña y nadie se fía. Y en el Sevilla saben que el día 19 de mayo todo será distinto. Al Atleti se le ve brillo en lo que hace. Se percibe que algo va a levantar.



