Liga Adelante | Rayo - Las Palmas

Rubén contra Kresic

El isletero, gran amenaza del Rayo, puede sentenciar a su mentor

<b>PELIGRO CON ACENTO CONOCIDO. </b>Rubén Castro, el jugador a vigilar del Rayo Vallecano.
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Son habituales estos caprichos del destino en el fútbol. Llega Las Palmas hecha un trapo a Vallecas y resulta que la mayor amenaza que asoma en el Rayo nació en La Isleta y responde al nombre de Rubén Castro. Surgido de la histórica camada tutelada por Kresic a principios de siglo y que abanderaron Jorge, Guayre y Ángel López, Rubén también brilló con la Unión Deportiva en Primera, se vio obligado a emigrar y, desde entonces, es un futbolista errante, siempre de un lado para otro, sin sentar raíces, sin consolidar prestigio. Hoy rivaliza con el escudo que le amamantó y en una encrucijada dramática: el descenso acecha a Rayo y Las Palmas, protagonistas por sus mediocridades de un partido a vida o muerte en el que el empate no indulta a nadie.

Rubén ya marcó ante sus colores originarios en la primera vuelta en el Gran Canaria y también pudo alzar los brazos el curso pasado cuando andaba por el Huesca. Le dispara la adrenalina el amarillo a juzgar por su buena estadística y mala señal sería para Las Palmas que una de sus criaturas siguiera alimentando una voracidad temible. Fundamentalmente porque sostener a Kresic con una nueva derrota constituiría una irresponsabilidad. Al entrenador de la Unión Deportiva lo puede condenar esta tarde Rubén. Que ya es rizar el rizo.

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Una semana más, los futbolistas deberán regatear rivales y urgencias. Y últimamente esa conjunción no ha dejado de producir vértigo y decepciones. Encima, no se detecta de puertas afuera un reconocimiento explícito de negligencias. Mal asunto estar al abrigo de coartadas cuando corre el calendario y quema la clasificación. No está para presumir el Rayo (un triunfo en catorce jornadas) pero menor crédito reúnen los chicos de Kresic, a los que ya no quieren ni en su casa. Por algo será.

El encuentro anuncia trincheras. Poco arte y mucha pierna. Unos y otros ansían con naturaleza primitiva los puntos y tanto en planteamientos como en disposición se va a notar un estado de emergencia absoluto. No bastará con las ganas. También harán falta agallas, decencia profesional y atrevimiento. En noventa minutos, tres puntos y casi la vida.

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