El Barça en el retrovisor
El Madrid de Pellegrini sigue devorando records, pero el Bernabéu alimenta dudas por la falta de buen juego de un Madrid con la pegada de Tyson y la parsimonia de Evangelista. El Sporting metió un buen susto. Pero el Madrid no cede.


Sin sentimientos. Seamos claros. Este Madrid es una trituradora de puntos y de goles. Pleno de puntos en los ocho partidos de la segunda vuelta (24 de 24) y nada menos que 30 goles. Ocho rivales que se han quedado en la lona noqueados y sin entender qué ha pasado. Por eso el Madrid es a esta hora líder en solitario. Pero hay que pedirle a este equipo más fútbol. No se puede regalar en el Bernabéu la primera parte de forma tan lastimosa. Hay gente que se gasta 120 euros en una entrada y no se le puede hurtar la mitad del espectáculo prometido. Lass está desaparecido en combate y Granero sigue atascado desde la noche trágica del Lyon. Eso lastra un centro del campo previsible y poco imaginativo. 0-0 al descanso con un Sporting animoso y valiente, al que debió sorprender la pachorra de su rival. La entrada de Guti es un reconocimiento de culpa (rectificar es de sabios, míster) y el golazo de Barral (la cantera de Valdebebas también existe) sirvió para sacudir la conciencia de todos. La Liga corría peligro y los jugadores tocaron a corneta...
Mareona callada. Los 5.000 asturianos repartidos por todos los rincones del Bernabéu que animaron a los guerreros del ejemplar Preciado se quedaron mudos cuando Van der Vaart y Xabi Alonso reivindicaron la labor de esa clase media que mantiene al Madrid en la zona alta de la tabla. El holandés errante la acomodó con la tripa y puede que utilizase las manos, pero tampoco he dicho nada de la dudosa posición de Barral en el 0-1 ni del penalti de Botía a Cristiano no señalado. El caso es que Don Rafael sigue ganándose al pueblo mientras que el pubis de Kaká nos deja dudas. En pleno arrebato, Cristiano se elevó por encima de los cielos con un salto imperial, como si fuese el rey Leónidas pegándose con miles de persas en las Termópilas. Su brinco fuera de lo común fue un símbolo de la rebeldía de este chaval que no quiere contagiarse de la indolencia de este Madrid en el que quiere hacer historia, pero en el que algunos no parecen querer acompañarle con esa ciclotimia emocional que no me está haciendo ni pizca de gracia. Alma, alma y alma. Lo que faltó en la noche del lyonazo...
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Aviso. Los vikingos de Fuengirola (Antonio Carrasco, máquina total), se unen a las voces de los amigos de Arenas de San Pedro, Las Mesas, Oviedo, Ibérica de Gijón, Centenario Olloniego, El Manolito, Palas, Narcea-El Hórreo, Sidrería Picatu, Luarquesa y Sella. "El Barça está en el retrovisor, pero hay que jugar mejor". Pellegrini, maestro, tome nota por favor.



