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"A mis futbolistas les digo: si no encaráis os quito del campo"

Onésimo repasa con AS sus primeros momentos como nuevo técnico del Valladolid. Aquel regateador incansable, el más famoso 'chupón' del fútbol español, se encuentra ahora ante el 'dribling' más difícil de toda su carrera: mantener a los pucelanos en Primera.

"A mis futbolistas les digo: si no encaráis os quito del campo"
José A. Espina
Jefe de Sección en la Delegación de Andalucía
Jefe de Sección de Diario AS en Andalucía. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad de Sevilla. Pegando teclazos desde 1998, durante toda una década en Madrid (2000-2010). Sevilla, Betis, Selección española y lo que se ponga por delante. Loco por el fútbol, guarda un poco de esa pasión para su otro deporte favorito, el tenis.
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Como diga todos los equipos donde jugué, acabamos cenando". Regatea algunas respuestas y bastante nieve, aparece por el Asador Onésimo Sánchez González (Valladolid, 1968). Al habla uno de los 'chupones' más famosos del fútbol español, paradigma de lo que se debe y no se debe hacer con la pelota desde el fútbol de la calle y las categorías inferiores del Valladolid, pasando por cesiones en Cádiz y Barça y por periplos posteriores en Rayo, Sevilla, Burgos y Palencia. Hace dos jornadas, Onésimo relevó a Mendilibar en el banquillo pucelano y se dispone a intentar el regate más difícil de su vida futbolística, ya como entrenador: salvar al Valladolid del descenso a Segunda.

"En puestos de descenso y mirando para arriba siempre te duele el cuello, se está incómodo. Pero las prisas se me fueron como jugador. Como entrenador tengo la cabeza fría, y sé que siempre que se cambia de técnico es porque algo no funciona y se piden resultados".

"No quería cumplir el sueño de entrenar al Valladolid a cualquier precio. Pedí una cosa: confianza de verdad, porque si esto era para dos días prefería seguir entrenando al filial y ayudando al técnico que fuera, como ayudé en lo que pude a Mendilibar. Me dieron esa confianza y ahora la doy yo: tengo clarísimo que vamos a salir de esta. Nos salvamos, seguro. Estoy convencido y, si no, no lo hubiera intentado".

"Lo que nos falta precisamente es tiempo, pero, como futbolista de chispazos que fui, yo me muevo bien en la inmediatez. Contra el Zaragoza hemos comenzado a crecer, y más que con el punto me quedo con que los futbolistas se han dado cuenta de lo que somos capaces. Lo único que me interesa ya de ese partido y del de Valencia, mi debut, es lo que podemos corregir de ellos para potenciar al equipo".

Le llega a Onésimo la oportunidad de pillar al Pucela después de haber despuntado casi como técnico aún alevín, tras dos breves pero exitosas aventuras en el Huesca, al que subió a Segunda hace un año, y el Valladolid B, al que mantenía y mantiene como líder destacado en Tercera. Pero aquel habilidoso barrilete moreno nunca tuvo precisamente problemas con la precocidad ni con el descaro: "Con 16 años, estaba en los juveniles, Vicente Cantatore me recriminó en un entrenamiento por tanto 'chupar' con el balón. Pero el chileno 'Pato' Yáñez, que era entonces la estrella y mi ídolo, me dijo cuando se iba: 'El 7 del Valladolid vas a ser tú'. Y empecé a creérmelo".

"A veces me pasaba regateando, pero ahora hay pocos que encaren, salvo los buenos, los Navas, Messi o Pedro León. Yo les digo a los míos: 'Si no encaráis os quito del campo'. El defensa se tiene que sentir agredido, acongojado. Hay técnicos que no ponen a los talentosos porque no van y vienen. Un jugador de banda tiene, sobre todo, que encarar. Yo hablaba mucho con los defensas. Les decía: 'Te estoy haciendo la misma, hombre, pon algo de interés'. A otros les gritaba: 'Te voy a contar los despejes".

"Me forjé en la calle. Sólo estábamos una pelota y yo. Messi, aunque no tiene comparación, nació de manera más artificial, con más medios, porque yo la primera vez que fui a un gimnasio estaba cerrado... Muchas veces, a los futbolistas así se les valora más cuando no se tienen. ¿Para qué la voy a soltar, para que la pierdan otros? Pues la pierdo yo y ya está. Los 'chupones', como nos llaman, tenemos el defecto en la misma virtud, pero nunca pasamos inadvertidos".

"Un futbolista con desborde e iniciativa es impagable, pero hay que saber encauzar esas condiciones para que beneficien al equipo, lograr eficacia. Eso es lo que me faltó a mí al principio de mi carrera, lo entendí demasiado tarde, cuando estaba en el Rayo. Entonces ya era un jugador maduro. Con más contención igual habría ido al Mundial 94. Estuve en las quinielas pero fue Juanele, que también era un especialista en lo mío".

"Reconozco que con el fútbol me lo he pasado muy bien. Muchas veces pensaba: es mejor regatear a dos o tres, porque si sólo hay uno está más atento y no lo desbordas. Me moriré siendo futbolista, nunca seré un entrenador completo porque me encanta meterme en el campo y picarme con mi gente. En el último entrenamiento cogí a Villar, mi portero, y me puse a chutarle. Le dije: 'Tírate si quieres, pero no vas a llegar".

No llegó Onésimo a internacional, pero sí que se puso la camiseta de un grande, el Barcelona. Como tantas veces sobre el campo, Onésimo logró así el dribling imposible: que fuera el Barça, y no al revés, el que pidiera su cesión al Valladolid a cambio de 50 millones de pesetas de la época. "Pongo siempre en el currículum que me ha echado el Barcelona, aunque sea mentira porque estaba cedido, pero para que te echen de un sitio hay que haber estado, ¿no? Me gusta decir que he puesto al Camp Nou en pie, aunque sólo fuera para silbarme".

"El Barça de Cruyff buscaba especialistas por puesto: un 11, un 9 o un 7 hábil, que abriera el campo y fuera bueno en el uno contra uno... Por eso me fichó a mí. Salí en dos partidos de Liga y se me recuerda por el encuentro del Anderlecht en Recopa, en el que Johan me dijo que me daba 25 minutos, que si no lo hacía bien me cambiaba y metía arriba a Alexanco... E igualamos un 2-0. Casi actué más con el Barcelona B de entonces, donde estaban Ferrer, Busquets padre y Tito Vilanova, el que ahora es segundo de Pep. Guardiola aún estaba en el Barça C".

"Son muy parecidos este Barcelona de Pep y el de entonces. Aquel de Cruyff abría más el campo y te sacaba por completo del partido, hacía el campo muy ancho. Recuerdo un Valladolid-Barcelona en el que pusieron a Eusebio, un centrocampista, ¡de lateral derecho! Le decía a los míos: dadme la pelota que, de aquí, a la Selección. Pues no la toqué, porque contra aquel Barça no la tenías y cuando la tenías estabas a 60 metros de la portería contraria".

"El de Guardiola juega más rápido cuando está bien y tiene mejores jugadores, pero el Madrid de Pellegrini se lo va a poner crudo. Me parece que cada vez defiende mejor, no echa de menos al lesionado Pepe y arriba tiene jugadores muy determinantes. Va a haber una bonita batalla en la Liga y también en la Champions".

Habla mucho y bien Onésimo de fútbol, poco recuerda a aquel extremo ácrata que esperaba a los contrarios para volverles a regatear. "Estudié entrenador con Bakero y Míchel. Era la primera promoción llamada 'De Elite', en 2004. Siempre me han gustado mucho los ejercicios de fútbol, copiaba y me quedaba a ejercicios tácticos de Maturana o Cantatore. Pero, claro, mi carácter es tan abierto que la gente no se cree que tenga estas inquietudes. Me he visto partidos que no se ha visto nadie. El año pasado me cogí el tren para irme a un San Roque-Binissalem en Lepe, un partido en el que los de Huelva lograron el ascenso. Me metieron en el palco y todo, me dije: 'Parece que les he subido yo'".

"De Maturana, que fue uno de mis técnicos más importantes, me quedo con la defensa zonal, algo que aplico en lo que puedo, porque defendiendo bien con cuatro atrás les cuesta marcarte un gol hasta a los grandes. A Camacho le tuve en el Sevilla y es un técnico que te hace rendir al 140 por cien. Jesús Paredes (preparador físico de la España campeona de Europa, ahora en el Huesca) me hizo volar durante una campaña en el Rayo, gracias a una pretemporada que nos puso muy dura".

Onésimo no dispone de pretemporada, pero también tendrá que hacer volar a sus jugadores si quiere quedarse en la máxima categoría. Hablamos del recién llegado Del Horno; de Diego Costa, su estrella atacante cedida por el Atlético; del talentoso Medunjanin, del portero que tiene (Villar) y del que se fue este año al Manzanares, Sergio Asenjo, al que Onésimo conoce muy bien: "A Asenjo le he visto crecer y me duele que no lo esté pasando bien, pero es que siempre le han venido las cosas de cara en su carrera, nunca tuvo dificultades como ahora. Me parece el portero del futuro".

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"Viniendo al Valladolid, Del Horno me ha demostrado que quiere jugar al fútbol, porque se podría haber quedado en el Valencia con su sueldo y con menos frío y decidió arriesgarse. Medunjanin dispone de talento, último pase y ha marcado goles importantes. Hay que darle continuidad y él tiene que ganársela porque a veces aparece y desaparece. Diego Costa tiene condiciones de crack. ¿Que por qué no se lo ha quedado este año en el Atlético? Allí ya cuentan con Forlán y Agüero y, sin ellos, se le apagan las luces. Y no es bueno que un delantero como Costa, de apenas 21 años, esté sin partidos en cualquier equipo. A Justo Villar le falta jugarla bien con los pies más adelante pero le estamos trabajando para eso, para que sea la última línea de pase".

'Pase', palabra tabú entre chupones, aparece de nuevo para terminar el encuentro y Onésimo acaba desmarcándose con un brindis: "Qué pesados con lo de 'chupón'... A mí en realidad me encantaba jugar de primera, pero he estado en equipos que para darla al primer toque tenía que ser con el fotógrafo de la banda. Me gustaba pasarla, sí... siempre y cuando me la fueran a devolver". Todos ríen. Nadie le cree.

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