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'Chori' Domínguez: "Sueño con salir campeón algún día con el Valencia"

Tras triunfar en el River, Zenit y Rubin Kazan, el Chori quiere más

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Quizá sea porque nacieron al cobijo de una misma bandera celeste y blanca, presidida por un hermoso sol que con sus rayos moldea un tipo de hombre con una tez tan morena que recuerda al pasado indígena de América Latina, protegida esta piel por una media melena, lacia y azabache, que nos invita a recordar los mejores tangos que se bailaron en el arranque del siglo XXI a orillas del Turia. Porque, aunque su posición en el campo sea distinta y su momento en el Valencia también, Alejandro 'Chori' Domínguez (Lanús, Argentina, 1981) recuerda en su forma de hablar, pausada y encauzada siempre por el sentido común, a uno de los argentinos que mejor poso dejó entre el valencianismo, Fabián Ayala.

También, como el Ratón, el Chori rompe con el estereotipo de joven argentino, tan promesa como imberbe, que 'salta' a España en plena inmadurez, pues llega a nuestra Liga con un peaje previo a sus espaldas. En este caso, de cinco años en Rusia. Uno de los puntos de infl exión en una carrera marcada de acontecimientos. "Siempre pienso que las cosas suceden porque Dios las quiere. Con 15 años, Lanús me dejó libre pero yo pensé que mi carrera no podía terminar allí, sabía que tenía que probar en otro lado, me fui a Quilmes y en un año y medio estaba en el plantel profesional".

Así describe Domínguez sus inicios en el fútbol 'serio', el que va un paso más allá de los 'picaítos' que jugaba en la calle mientras vendía churros y helados con su abuelo. Pero, si primero fue que Lanús no le quiso cuando cumplió 15 años, una nueva piedra se le presentaba en Quilmes: "Cuando llegué me dijeron que, si me quería jugar, tenía que ser por la izquierda. Mi padre me dijo que esperara, que lo importante era jugar. El chico que jugaba en mi posición, en la mediapunta, llegó tarde en un partido y, en el siguiente, se fue a ver un recital. Eso me posibilitó jugar donde quería".

Domínguez despuntó en su primer equipo profesional, lo que le sirvió de trampolín para que se fi jara en él un clásico de Argentina. "La marca que me vestía me pidió que fuera a probarme unas botas con unas medias de River Plate por si algún día me las tenía que poner. Ahí, pensaba que era casi imposible. Pero, después, me operaron del tobillo y me fui a préstamo a River. Tenía 20 años y el día que me llamaron me dieron una alegría que es inexplicable", señala un Domínguez que viviría la grandeza de los 'millonarios' al ganar un Clausura: "Se había ido Ortega con la selección y me dejaron incorporarme. Era un partido, nos jugábamos el campeonato, ganamos 4-1 y marqué el segundo gol".

Éste fue su momento dulce en River, pero luego vino el amargo: "El año siguiente, con Pellegrini, también empecé muy bien pero después tuve que volver a operarme del tobillo". Corría el año 2004 y el destino aguardaba a Domínguez un giro inesperado, el fi chaje por el Rubin Kazan ruso: "No estaba bien en River, me lo ofrecieron, me venía bien económicamente, lo hablé con mi señora y nos fuimos. Todos decían que a los tres meses estaría de vuelta, porque tenía 22 años y era inmaduro. Y puedo decir que, a los seis meses, no jugaba y me quería volver, pero mi esposa me pidió que me mentalizara y que saliera hacia delante".

Es aquí donde Domínguez ensalza la figura de Claudia, su mujer, pieza clave en su carrera: "Ella no pudo terminar sus estudios porque tenía que decidir si quedarse para terminar la carrera o venirse conmigo a Rusia, como al final hizo. Me da mucha tranquilidad y ella es la que me hace tener paciencia y encauzar mi carácter, que antes era más temperamental".

En esto también asegura influirle sus creencias religiosas: "Es algo que me inculcaron mis padres. Soy creyente y siempre pido antes de cada partido para que mis compañeros y yo entremos y salgamos bien". Pero admite que, dentro del campo, se transforma: "Si para defender a un compañero tengo que mandar a un rival donde sea, siempre con palabras, lo hago".

Con el apoyo de Claudia y su empeño, el Chori salió a flotete en Rusia: "El primer año en Kazan me costó, pero el segundo fue mejor. De ahí que me fi chara el Zenit, donde me fue bien, pues jugué y marqué bastantes goles y, además, salimos campeones, antes de que ganásemos la UEFA y la Supercopa de Europa". Pero otro contratiempo iba a marcar la carrera de Domínguez, su salida del Zenit por culpa del técnico Dick Advocaat: "Tuve un problema de salud, lo justifiqué con documentos, pero él no quiso saber nada y me mandó al fi lial. Entonces, le planteé al Rubin que, si me igualaban la ficha, me volvía allí pero sólo un año. Me fue todo muy bien, ganamos la Liga, jugamos la Champions contra equipos importantes, jugué, marqué y pude fichar por el Valencia".

Nada más concluir la liga rusa, al Chori se le presenta otra gran oportunidad en su vida. "Raúl Ruiz y César Navas, que estaban conmigo en el Rubin, me dijeron que no me lo pensara, que Valencia era espectacular y que era lo que mejor me venía", así explica Domínguez cómo nace su idilio con el club ché, en el que recala renunciando a dinero ("me podía haber retirardo en Rusia, cobrando más del doble que aquí, pero mi familia necesitaba otra cosa"), pero dando un salto de calidad en lo futbolístico: "Es muy lindo llegar y trabajar con Silva, Villa, Mata... No puedo quedarme con uno, porque cada jugador cumple a la perfección con lo que le toca, además cada día hacen cosas sorprendentes en un entrenamiento".

El Chori, como todo extranjero que aterriza en España, se ve inmerso en un proceso de adaptación: "Es algo que in- fl uye, pero he tenido la suerte de encontrar un gran grupo. En mi primer día, Villa me dijo que, si necesitaba cualquier cosa, se lo dijera. Y ése es un gran gesto, que no es fácil de encontrar en el mundo del fútbol".

Aun así, se debe tener en cuenta que el argentino viene de estar un año entero compitiendo en Rusia, algo de lo que es consciente: "Estoy haciendo un esfuerzo enorme, pero veo muy capacitados a los jugadores y al cuerpo técnico, por lo que necesitaría ese entrenamiento duro de la pretemporada. Pero eso ya llegará, hoy por hoy toca entrenarse, un poco más si es necesario, para jugar". Aquí el Chori reconoce su polivalencia, pero reivindica: "Pienso en el equipo y no en lo personal. Obviamente, me gusta jugar libre y estoy más cómodo en la mediapunta, pero sé que puedo hacerlo en las bandas. Si he de hacerlo, como me ocurrió con 15 años en Quilmes, lo hago, aunque sepa que la banda tiene más desgaste".

Eso sí, sea en la posición que sea, el Chori sueña con hacer algo grande: "Siempre fui de ponerme objetivos. En el Rubin me fi jé marcar más goles y ganar títulos y, con los años, lo logré. Me ocurre lo mismo en Valencia. Acabo de llegar, quiero ir ganando protagonismo y sueño con salir campeón". Al Chori se le ha etiquetado como el sustituto de Silva, algo que no le preocupa: "Y si no sale en verano... Yo fi rmé para jugar con él o sin él".

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Al Chori (campeón del Mundo Sub-20 en 2001) le brillan los ojos cuando habla de defender la albiceleste, aunque reconoce la dificultad que entraña ser elegido por Maradona para Suráfrica: "Si no imposible, lo veo muy difícil.

Tengo una idea sobre la selección y, además, sé que en mi posición tengo a muchos y muy buenos jugadores por delante. Pero sólo Dios lo sabe, si juego y marco, por qué no...". Pero, para ir a la selección, Domínguez sabe que debe jugar y hacerlo bien en el Valencia. Y ése es su objetivo, que a corto plazo pasa por Gijón, con gol incluido: "Dios quiera que pueda marcar. Deseo que eso ocurra, que pueda jugar y, aunque no sea lo mío, lograra marcar".

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