Arde la Liga: nueve rojas y todo el mundo se queja
En la pasada jornada se batió el récord de expulsiones y lamentos.

Se quejan los que pierden, los que empatan y los que ganan. Se quejan los de abajo y hasta el líder destacado. Los arbitrajes han terminado por desquiciar la Liga. Prueba del nerviosismo general es que en la pasada jornada se vieron nueve tarjetas rojas, siete más que en la anterior. La comparación con otras ligas es ruborizante: en la Premier se mostraron tres rojas, en Italia y Francia una y en la Bundesliga nadie fue expulsado.
Algo sucede en España. Y no es bueno. Dando por seguro que los jugadores no ayudan (aquí se protesta hasta con la pistola humeante en la mano), el arbitraje nacional ha elevado peligrosamente el nivel de irritación. Y el problema parte de la propia Federación. Más allá de la crítica al presidente, primer responsable, lo peor es que no hay ley que distinga a los justos de los que se equivocan.
Mateu Lahoz, que el pasado jueves convirtió en penalti lo que fue una falta a dos metros del área (Atlético-Racing), la armó el domingo en el Málaga-Deportivo, donde expulsó a Pablo Álvarez por fingir y a Lotina por todo lo contrario. Es un ejemplo. Pero hay muchos más. Pérez Lasa pitó dos partidos seguidos tras el polémico codazo de Cristiano, aunque su redacción del acta olvidó el atenuante del "balón en juego", algo que sí apreció Teixeira en la patada de Piqué.
Control.
Noticias relacionadas
Cabría esperar mayor exigencia para quienes ganan 100.000 euros por temporada (unos 18 partidos), pero ni el Comité Técnico ni el de Designación ejercen su función de vigilancia. La coartada es que sólo se pueden castigar los improbables errores técnicos (cobrar un libre directo cuando corresponde uno indirecto), pero no los de apreciación, los más hirientes: inventarse un penalti, amonestar a quien fue derribado o ignorar la mano que pudo ver el país entero.
El resultado es que tanto los equipos como las aficiones se sienten desprotegidos (nadie juzga al juez) y los que no protestan hoy lo harán dentro de siete días. Prueba del desconcierto reinante es que en uno de los partidos tranquilos de la jornada, el Athletic-Xerez, el árbitro (Álvarez Izquierdo), se hizo notar con un pase de tacón a un jugador visitante. Bien ejecutado, pero convendrán que totalmente improcedente.



