España 2 - Argentina 1 | La contracrónica

España 2; Pandilleros 1

El himno de José Manuel Soto sonó bien antes de 'La Batalla del Calderón'. Con Bilardo en el Palco, los hijos de Maradona repartieron a lo bestia para frenar el tiqui-taca. Pero ganó la magia roja.

<b>TRIUNFÓ EL BIEN. </b>Si Messi hubiese podido, se hubiera puesto en el lado de los de rojo. España jugó mejor y los argentinos pegaron como nunca. ¿De qué les sirvió, Diego?
Tomás Roncero
Nació en Villarrubia de los Ojos en 1965. Subdirector de AS, colaborador del Carrusel y El Larguero y tertuliano de El Chiringuito. Cubrió los Juegos de Barcelona 92 y Atlanta 96, y los Mundiales de Italia 90, EE UU 94 y Francia 98. Autor de cuatro libros: Quinta del Buitre, El Gran Partido, Hala Madrid y Eso no estaba en mi libro del Real Madrid.
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¡Cancheros, cancheros! Es un término muy utilizado en Argentina que tiene un poso elogioso que ensalza esa capacidad, cargada de testosterona, para hacerse el más fuerte sacando petróleo de eso llamado el otro fútbol. Heinze, un pandillero con botas, es el alumno más aventajado de la clase, pero anoche le secundaron en el Calderón un puñado de zamarras albicelestes que enfocaron el partido como si les fuese la vida en ello. Repartieron por abajo, buscaron tobillos, pies apoyados sobre la fina hierba (16 milímetros) y utilizaron los codos como los molinos gigantes de Iberdrola, nuevo patrocinador de la Selección. Me cuentan que a las siete y cuarto de la tarde ya llegaron con las pinturas de guerra dibujadas en la cara. Aparecieron en su guagua justo detrás del autobús que trasladaba a los jugones españoles. Liderados por ese estrambote epidérmico llamado Maradona, todos gritaban y cantaban golpeando las ventanillas del bus para amedrentar a los nuestros. Estaba claro. España tenía el mejor arma: el fútbol. Ellos la más intimidatoria: la segadora.

El cómplice. Cuando sucede eso en un terreno de juego lo mejor es tener un juez firme e imparcial. El irlandés Kelly debía ejercer como tal, pero estaba tan asustado por los leñazos pandilleros de los boinas verdes de Diego que pareció ponerse de su parte para evitar que a él también la cayese alguna galleta. Perdonó tres penaltis de catálogo, pero no evitó que la sinfonía roja diese lustre al nuevo uniforme retro que nos llevará hasta la final de Johannesburgo. El 1-0 fue un gol de PlayStation, un homenaje al fútbol de diseño, al juego trenzado con regla y cartabón, a las cosas bien hechas. España construía, Argentina destruía y Messi se diluía. Sólo las picaduras de Higuaín y Di María apagaron por un instante las luces...

Xabi, en su sitio. Xabi Alonso firmó el épico triunfo con dos goles como dos soles. Me inundaron a mensajes mis colegas vikingos exigiendo a Pellegrini que tome nota del maestro Del Bosque de cómo hay que sacar partido del ingeniero de Tolosa.

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Iker, 100 veces crack. He mandado enmarcar la portada de ayer del AS, con ese Casillas imperial vestido al estilo Zamora. La Mano del Santo pudo con la Mano de Dios. ¡Porterazo!

Afición sabia. El pueblo estalló de júbilo tras la relevante victoria y se giró hacia Maradona para darle de su medicina: "¡Que la chu...!". Gran noche. Así ganaremos el Mundial.

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