Cien años de fútbol español
Casi 400 internacionales posaron en una foto para la historia.


Ahí arriba lo tienen, un camión de ilusión. El reencuentro de casi 400 futbolistas que han vestido alguna vez la camiseta de la Selección española, idea que nació gemela a la Federación hace 100 años (1909), realidad desde que el 28 de agosto de 1920 la Roja ganara (0-1) su debut, en Dinamarca. El espíritu de Patricio, autor de aquel primer gol, estuvo presente en la que muchos recordarán como la cita más emotiva de nuestro fútbol. De los vivos faltaron los que no pudieron o no quisieron viajar a la Ciudad del Fútbol de Las Rozas, entre ellos Zubi. Ocurrió sin el portero récord (126 internacionalidades), en Guatemala; Butragueño, en México; Luis Suárez, que se operó. Sin Pep y Begiristain, en sus cosas. Ni Amancio, Gento o Marcelino, el del gran gol. Y también sin algunos otros menos célebres.
Con todo, nadie o casi nadie se acordó dos segundos de los ausentes vivos. A los fallecidos se les homenajeaba con un responso acortado por el cálido sol de Las Rozas, que pareció sumarse a la fiesta aunque a veces incomodara. Saltaron al césped y formaron un 400 en poco más de lo que se forma un 11. 20 minutos, cuando en los ensayos se tardaba 35. Escribieron la historia de abajo arriba, desde el mayor que aún existe, Gabriel Jorge Sosa (93 años), al más joven de la lista todavía, Bojan Krkic (19). Ambos celebraron su condición.
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Grandes y humildes.
La imagen resume de un vistazo ése mar ilusiones que es el fútbol, pasa en un minuto por la memoria. Parece un parque de atracciones del corazón, con balón. Un álbum de cromos eterno e interminable. Grandes cuyas proezas con la Roja perduran en los papeles como Di Stéfano y Arza, Calleja e Iríbar, Rubén Cano y Cardeñosa, Arconada y Gordillo, Eloy y Señor, Míchel y Martín Vázquez, Fran y Casillas, Casillas y Torres. O Pepín, ese pequeño gran portero que jugó sólo dos partidos con la Selección pero camino, nada menos, de la Eurocopa del 64. O el central madrileño Téllez, al que la organización localizó el jueves, sin tiempo de anudarle la corbata, que llegó en camiseta y no avisó. Gente humilde sin cuyos granitos no se podría construir la historia de la Roja.



