Zúrich - Real Madrid | Los veteranos recuerdan la cita

"¡En Zúrich ganamos por los emigrantes!"

El Madrid arranca en Zúrich mañana su andadura por una nueva edición de la Champions, competición que se le atraganta en los últimos años. Los suizos ya fueron rivales de los blancos en 1964. AS habló con Amancio, Pachín, Zoco y Vicente, que jugaron aquellos partidos.

Vicente, Pachín, ZOco y Amancio
Tomás Roncero
Nació en Villarrubia de los Ojos en 1965. Subdirector de AS, colaborador del Carrusel y El Larguero y tertuliano de El Chiringuito. Cubrió los Juegos de Barcelona 92 y Atlanta 96, y los Mundiales de Italia 90, EE UU 94 y Francia 98. Autor de cuatro libros: Quinta del Buitre, El Gran Partido, Hala Madrid y Eso no estaba en mi libro del Real Madrid.
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En aquella primavera de 1964, el Madrid era el mejor embajador de España gracias al recuerdo reciente y deslumbrante de las famosas cinco Copas de Europa en blanco y negro. Habían pasado ya cuatro años desde la final de las finales (7-3 al Eintracht en Glasgow) y Don Santiago Bernabéu empezaba a estar inquieto por esa sequía, entre comillas, sin el trofeo que se convirtió en el Santo Grial del madridismo. Aquella Copa de Europa iba bien encarrilada. Tras eliminar al Milán en cuartos de final después de una eliminatoria dramática (victoria por 4-1 en el Bernabéu y derrota por 2-0 en San Siro), llegó una semifinal edulcorada con un rival menor: el FC Zúrich. Fue una merienda con suizos. Casi medio siglo después (45 años), los helvéticos se cruzan de nuevo en el camino europeo de los blancos.

Póker de lujo.

Hay cuatro jugadores que pueden contar cómo fue aquel doble paseo militar ante el animoso Zúrich: Amancio, Vicente, Zoco y Pachín. AS los reunió en el Asador Donostiarra para que nos refrescasen la memoria.

"Recuerdo que nos tocó jugar el partido de ida en Suiza. Era en un coqueto estadio cerca de Zúrich que se llamaba Letzigrung. Pero aquello parecía Sevilla. ¡Las gradas estaban llenas de emigrantes españoles! Don Santiago nos dijo: 'Hacedlo por ellos", comenta entusiasmado Ignacio Zoco, uno de los pilares de la medular de aquella máquina adiestrada por El Chato (Miguel Muñoz). "Fue emocionante. Cuando arrancaba por la banda notaba los gritos de la Tribuna de los nuestros y se te ponía la piel de gallina. ¡Ganamos en Zúrich por ellos!", apuntilla Amancio, brujo y futbolista en una sola pieza.

Vicente, El Grapas, saca su vena de portero con porte: "Yo lo que recuerdo es que llegaban poco y que no mordían". Pachín, corazón cántabro al que recientemente le han dado un homenaje en su añorada Torrelavega, pone su salsa picante: "Dejaos de gaitas. El Madrid les ganó allí y aquí les metimos un rotundo 6-0 porque éramos un equipazo. El mejor de Europa. Y lo de la final con el Inter fue un engaño. El 3-1 final fue una estafa. Por las mañanas hemos visto esa final en vídeo una docena de veces en la Asociación de Veteranos y sigo sin explicarme cómo perdimos ese título. Postes, paradas increíbles del portero italiano... La mayor injusticia que recuerdo en el mundo del fútbol".

Zoco saca su casticismo navarro-madrileño de nuevo: "No olvidéis que esa final la jugamos porque en Zúrich marqué yo el gol de la victoria y en el Bernabéu abrí la goleada con un cabezazo. Esa temporada fui el que más jugó en el Madrid, y eso que no había cambios, muchacho. ¿Sabe por qué era titular? Porque yo pegaba, cortaba y pasaba al que sabía. Ése era Muller, un tipo al que le dabas ochenta balones en un partido y respondía con ochenta pases buenos. Sólo le faltaba un poco más de sangre...".

Amancio, callado como el guepardo antes de saltar a por la presa, recuerda el mérito de aquel Madrid: "Mire, en aquella época ya estaban Santamaría, Puskas y Di Stéfano en su recta final, y como todo el dinero se lo gastaba Don Raimundo Saporta en la sección de baloncesto tuvimos que hacer un equipo de once españoles para ganar dos años después la Sexta Copa en Bruselas. ¡Eso fue un milagro!".

Pachín saca su perfil campechano: "Esa final la ganamos once del pueblo, de la aldea. Fue la victoria de los humildes, de los españoles que en aquella época teníamos tantos complejos. Nos dijimos: somos de la casa y vamos a ganar la Copa de Europa. ¿Algún problema?".

Vicente prefiere dar un salto atrás y nos habla de nuevo de la final de Viena con el Inter: "Nos dieron para el pelo porque ellos tenían a Corso, Mazzola, Jair y Luis Suárez. ¡Vaya equipazo!". No obstante, el cancerbero de guantes imantados nos recuerda que la final de la Copa de Europa disputada dos años antes, ante el Benfica en Amsterdam, fue todavía peor: "Estaba en la grada porque era de los descartados al jugar Araquistain. A mi lado estaba Marquitos y recuerdo que pese a ir ganando 2-0 a los portugueses, con dos golazos de Puskas, me dejó de piedra al decirme: 'Vicente, no hay nada que hacer. Esta final está perdida'. Al final, el Benfica de Eusebio nos ganó 5-3. Vaya palo. ¡Marquitos era un visionario!".

Triste despedida.

Retrasemos el calendario otros dos años y regresemos a 1964. Zoco y Pachín, Zipi y Zape inseparables, nos cuentan que después del 6-0 contra el Zúrich "nadie podía imaginar que era el último partido de Alfredo (por Di Stéfano) en el Bernabéu. Todos estábamos tristes porque creíamos que se iba a ir Puskas, al que todos queríamos con locura. Pero lo de Alfredo fue un shock. Fue una sensación de rabia y tristeza. No olvide que él, Gento, Puskas y Santamaría eran las cuatro torres del Bernabéu. Tardamos en superar ese terrible golpe. Di Stéfano era el alma del Madrid".

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Amancio nos muestra la socarronería gallega para hablar de nuevo del Zúrich: "Los suizos nunca fueron un referente en el fútbol. Ni en 1964 ni ahora. Si acaso el Servette, que creo que fue nuestro primer rival en la Copa de Europa. En Suiza son muy neutrales, por eso nunca han hecho ruido".

Los cuatro héroes de aquel Madrid se quedan hablando de sus cosas, de su club, de fútbol, el invento que ha dado sentido a sus vidas. Dejan una posdata: "Dígales a nuestros jugadores que el martes ganen en Zúrich por los emigrantes que quedan y por los de aquí. Ya va siendo hora de hacernos respetar en Europa. ¡Somos el Madrid!". Sí, señor.

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