La 'marcha blanca' ya se pasea por Liverpool
El Madrid estará arropado por 3.000 seguidores


El Madrid huele la presa como en las grandes noches mágicas de Old Trafford (2000 y 2003). Me di cuenta nada más llegar a pie de pista en la T-3 del aeropuerto de Barajas. En vez de ese pajarillo con motor apodado irreverentemente La Saeta, el vuelo que desplazó a la tropa de Juande a la tierra de los Beatles era un imponente Jumbo de la compañía AIR Comet, con unos motores del tamaño de la portería del anuncio de Mahou de Casillas.
El Air Force One es una caja de cerillas al lado de este 'bicho' con 477 asientos y dos plantas, todos ocupados por la expedición oficial, los medios de comunicación y una afición que esta vez sí cree de verdad. Lo notaron los propios jugadores, que al salir del aeropuerto John Lennon se vieron asaltados por chavales que tienen en el Madrid su referente futbolístico pese a ver de cerca cada fin de semana a Gerrard, Xabi Alonso o Torres. Aquí Iker y Raúl son respetados y fueron los más asediados por los cazautógrafos
Pasión blanca. La pasión que desata el Madrid ha logrado que muchos hayan aparcado la crisis durante un par de días a sabiendas de la que les espera en casa cuando vuelvan.
"Desde que supe el emparejamiento me moví para conseguir una entrada como fuera y avisé a mi mujer de que un partido del Madrid en Anfield no me lo perdía por nada del mundo". Quien así se expresa es el amigo Joan, que regenta un bar más blanco que la leche en Sa Pobla (Mallorca), el pueblo de Serra Ferrer.
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Junto a él consumieron varias pintas de cervezas decenas de seguidores de Almería, Badajoz, Guadalajara, Alicante, León, Ciudad Real, Asturias y Santander, que fueron llegando de avanzadilla antes de la invasión vikinga que hoy se espera en la mítica zona de The Cavern y la catedral anglicana, la quinta más grande del mundo.
Al Madrid le arroparán 3.000 corazones blancos empeñados en ser testigos de la primera gran noche europea desde que Zidane firmase en Glasgow, no muy lejos de aquí, la conquista de la Novena. Hoy, más que nunca, se verá en Anfield que el Madrid nunca caminará solo



