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¡Ché, Lauchita, qué bueno que viniste!

Liga BBVA | Sevilla

¡Ché, Lauchita, qué bueno que viniste!

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Acosta decidió ponerse en manos de un kinesiólogo argentino

El Laucha irrumpió con fuerza. Cuando nadie le esperaba, en medio de la "desesperación" que le provocaba a Jiménez su lesión, salió de la ratonera para ofrecer un atractivo golpe de efecto. Hace sólo unos días viajó con varios compañeros a Holanda para consultar a un médico experto. El quirófano acechaba, aunque lo esquivó. Su lesión tenía medio locos a los doctores y al propio Jiménez, ya que las pruebas no descubrían dolencia alguna. Pero a él, el tobillo le dolía a rabiar. De la noche a la mañana, el problema se esfumó. El milagro lo produjo Sergio Bossi, un kinesiólogo que vino de Argentina para tratarlo a él y a otros compañeros. El futbolista buscó ayuda externa para salir del pozo y el resultado ha sido rotundo: "Me ayudó a fortalecer la zona dañada. Era algo que me faltaba, el tema de meterme los dedos en el tobillo para poder romper el lugar donde estaba el hematoma. Lo que aportó Sergio fue fundamental. Lo fortalecí y me ayudó muchísimo, más el trabajo del personal de acá".

Es normal que cuando un deportista arrastra sin solución unas dolencias, los médicos sospechen de que el problema sólo se superará rompiendo esa barrera psicológica que escupa, definitivamente, el problema. Es un caso habitual y normal, aunque Acosta se lo tomó a mal: "Hubo gente que me dijo que lo mío era psicológico. No era así. Me perforé un pulmón, me fracturé una cara, un hombro y jugué... Pensé en mi familia, en mis compañeros, que jugando dos partidos por semana se rompían el alma y siempre me apoyaron, principalmente en la gente, que, más allá de estar tres meses fuera, siempre me apoyó y confió en mí".

El argentino reaccionó de esta forma para sacar toda la rabia que tenía dentro, más por la impotencia que sufrió que por las críticas que nunca existieron. Monchi hizo una fuerte inversión por esta promesa que se proclamó campeón Sub-20 del Mundial disputado en Canadá. Hasta el momento sólo tuvo ratos para exhibirse: "Nunca dudé de mis condiciones, pero las lesiones no me permitían demostrar nada. Necesitaba una oportunidad y demostrar que estaba a la altura de un grande como es el Sevilla". Ante el Athletic, resucitó. Ahora, el enemigo vuelve a vestir de verde. Como en el clásico argentino contra Banfield. Pero este verde está pintado a rayas verticales. "Los derbis no se juegan, se ganan", dijo.

¡Ché, pibe, qué bueno que viniste!