Segunda | Real Sociedad 1 - Las Palmas 0

Una derrota asumible

<b>APESADUMBRADOS. </b>Darino, Saúl, Jorge y Marcos Márquez caminan cabizbajos tras encajar el gol de la Real Sociedad ayer en Anoeta.
Actualizado a

Quien no crea que la Unión Deportiva va a sufrir en esta Liga es un insensato. Quien no tenga esperanza de que algo grande se cuece, también. Durante cincuenta y seis minutos retrató a un aspirante al ascenso, puso contra las cuerdas a la Real Sociedad. Fue superior por dentro y por fuera, con balón y sin él. Pero a partir del cambio de Sergio por Saúl perdió su presencia y ya fue incapaz de enhebrar jugadas claras de ataque. La sustitución ordenada por Juan Manuel, que se anunciaba como la mordaza a los locales, se retorció y dejó mellado al centro del campo, que se mantenía con un hilo de oxígeno en los pulmones.

Lanzada en tromba por el torrente de Pablo Sánchez, Nauzet y Sergio Suárez, Las Palmas tomó el pulso rápido al encuentro. Lo situó en el lugar preciso anulando la ofensiva local. Jorge tomó el mando de las operaciones y Lillo hizo el resto dejando a su zaga a la intemperie con tres centrales. Los entrenadores de fútbol tienen la creencia de que pueden diseñar el mundo a través de su pizarra y su verbo. En eso, el donostiarra tiene una cátedra.

Los inquietantes requiebros de Pablo Sánchez hacían sudar tinta china a Mikel González, que sólo podía emplear la fuerza bruta. Se esboza que el extremo andaluz no es un jugador postizo, de esos que son proclives a la mueca, sino que se trata de un futbolista hecho y derecho.

Antes del descanso, la Unión Deportiva se sentía dueña de su futuro y del partido. Una doble ocasión de Márquez era la señal de que los locales acabarían claudicando ante un rival superior. Los amarillos dejaron entrever en Anoeta, al menos durante tres cuartas partes del partido, que su futuro en la Liga se corta con patrones del pasado. Una línea defensiva infranqueable, con la pareja Samuel-López Ramos en plena forma, y un ataque con nervio con jugadores que se asocian en parejas o en tríos para buscar siempre el área rival.

Noticias relacionadas

La idea de ese minuto cincuenta y seis, de ese cambio de Saúl, era asestar un golpe definitivo a la yugular realista. Era una sustitución que rondaba la cabeza de todos los aficionados. Estaba cantado que ya iban a por el partido, tras el tiro al palo de Sergio. A partir de ahí, no se sabe si a raíz de ese cambio, o por las flaquezas físicas de principios de temporada, o porque la Real tenía que empezar a hacer algo, todo cambió.

El encuentro empezó a navegar por esos dos puertos que se llaman grandeza y miseria, y las penas quedaron en el bando amarillo cuando una falta de Samuel, siempre eficiente y temerario a partes iguales, sobre Díaz de Cerio a diez metros de la frontal la coló dentro Sergio Rodríguez. Sin tiempo ni fuerzas, Las Palmas sólo se arrodilló cuando el árbitro decretó el final.

Te recomendamos en Más Fútbol

Productos recomendados