Robinho se olía la tostada desde la fiesta de Cibeles
El brasileño se fue de vacaciones triste tras el alirón. No jugó el año pasado todo lo que le hubiera gustado y el divorcio con el club parece ser definitivo.

Robinho dibujó una sonrisa forzada durante la celebración en Cibeles del último alirón liguero. En una mano ondeaba la bandera de Brasil; en la otra y con mucho menos vigor, la del Madrid. Un compañero se le acercó: "Robi, ¿estás bien?". Él respondió con una tristeza indisimulada: "Si hubiese jugado más, sería más feliz". Su desánimo tenía fundamento. En cuatro meses, el Pelé del Carranza había pasado de ser el rey del mambo en el Bernabéu a convertirse en el suplente de Robben. Hasta que se rompió una tripa ante el Valladolid, Robinho había sido el mejor jugador del primer proyecto de Schuster y el alemán confiaba en él. Pero llegó la deprimente eliminación con el Roma, con un Robinho desconocido en el partido de vuelta...
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Sin paciencia. El equipo sufrió un bajón anímico y Robinho se saltó dos sesiones de recuperación, lo que retrasó su puesta a punto y agotó la paciencia de Schuster, que a partir de ese momento se decantó por la velocidad y la profesionalidad de Robben. Robinho no se quejó de su suplencia porque le debía una al míster tras defenderle éste después del episodio de las camisinhas. Pero se fue triste de vacaciones y más después de que su agente, Ribeiro, se viese con Mijatovic para hablar sobre la nacionalización del crack. Al día siguiente salió en la prensa que había pactado su renovación. Mijatovic se enfadó y le emplazó a después del verano para que entendiese que presionando a través de los medios no lograría nada.
Tras el Brasil-Canadá, Robinho se dejó querer asegurando que Chelsea y Manchester pujaban por él y que estaba dispuesto "a salir del Madrid". Scolari fichó por el Chelsea y le dijo a Abramovich que deseaba a Robinho como bandera de su proyecto. Como el asunto Cristiano va cuajando y se necesitan 85 millones de euros, la directiva apoya a Calderón para que afronte la venta del brasileño para recaudar 45 millones que aporten la mitad del coste del portugués. Además, Ribeiro reconoció en AS haberse visto con Arnesen, director deportivo del Chelsea, y encima Robinho accedió a acudir con Brasil a la cita olímpica de Pekín, lo que le impedirá jugar la Supercopa con el Valencia. Enfado del Madrid, enfado de Robinho. Si viene Cristiano, el divorcio será definitivo...



