Rusia 0 - España 3 | La contracrónica del partido

¡La felicidad existe!

Fue la jornada soñada por cualquier aficionado al fútbol. Junto a la Peña 5 Estrellas viví durante 18 horas la pasión por La Roja, que tiene enloquecido a un país entero. Los rusos cayeron igual que hace 44 años. ¡Qué locura! ¡Podemos!

Tomás Roncero
Nació en Villarrubia de los Ojos en 1965. Subdirector de AS, colaborador del Carrusel y El Larguero y tertuliano de El Chiringuito. Cubrió los Juegos de Barcelona 92 y Atlanta 96, y los Mundiales de Italia 90, EE UU 94 y Francia 98. Autor de cuatro libros: Quinta del Buitre, El Gran Partido, Hala Madrid y Eso no estaba en mi libro del Real Madrid.
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¡Viva España! Sin duda, este partido jamás se borrará de nuestras memorias. Sobre todo, de los 10.000 privilegiados que pudimos lucir orgullosos La Roja desde las gradas del Prater vienés. A las siete de la mañana ya estábamos en la Terminal 2 de Barajas con mis amigos de la Peña 5 Estrellas y los cabecillas de la marea roja, José Emilio y Paco Arranz. Me topo con Rufino, un gigante de 1,93 de Carabaña con corazón y razón a partes iguales. Se nos abrazan las gentes llegadas desde Fuenlabrada, el Bar La Mina, Elche, Albacete, Toledo, Asturias, Andalucía, La Mancha, La Alcarria, Cataluña, Peralta (Navarra), Bilbao, Galicia Todos unidos por una misma causa en rojo y gualda, que alimentó la victoria más bella jamás contada por nuestra Selección, que ha abandonado la sala de los horrores para instalarse en el Jardín de las Delicias

¡Qué viaje! Al subir al avión me crucé con pandillas adolescentes de amigos a los que les brillaban los ojos convencidos de la victoria y señores mayores que me recordaban la gran victoria de 1964 en el Bernabéu ante los rusos, el cabezazo de Marcelino y toda esa historia que por fin se va a reeditar con una página de oro gracias a la locomotora de Luis Aragonés. Por entonces yo tenía -1 año (nací en 1965), pero mi padre me contó que fue un subidón para España sentir que nuestro fútbol era el mejor de Europa. Por eso nunca he aceptado tantos complejos asumidos. Que tiemblen los alemanes, que son los que de verdad van a vivir un infierno en la final de este histórico 29-J. ¡Podemos!

Garrapata rusa. Así veían algunos a Arshavin, que pasó de lobo a cordero en noventa minutos que dejaron claro que el crack ruso es flor de un día (tulipán, mejor dicho, fue contra Holanda). Ellos tenían a Arshavin ("jugador de futbolín", como decían algunos) y nosotros a Arxavi, que abrió la lata con un gol de pillo de área, sólo al alcance de esos locos bajitos que tienen a los alemanes más asustados que los niños de mi generación cuando veíamos las películas de dos rombos. Sin Villa, el espíritu de Relaño en el anuncio de Cuatro despejó los nubarrones del cielo vienés: "¡A la final!". Güiza, Cesc y Silva pusieron la música del vals y los rusos acabaron cautivos y desarmados. Los 10.000 fieles terminaron en estado de éxtasis y dando ideas: "España entera se va de borrachera".

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'Eufuria roja'. Acaba el partido y estoy afónico. Llueve a cántaros, pero es de alegría. Me miro y me veo como cuando tenía 19 añitos y acudía a un Bernabéu vacío para ver un amistoso con la Inglaterra de Lineker (2-4). Mi pack patriótico (sólo me costó 15 euros) me dio suerte: muñequera y cinta del pelo de España, camiseta de verano con el número 12 y bandera con el toro de Osborne. Casillas se acerca a nuestro fondo y nos emociona con sus aplausos. ¡Gran capitán!

¡Podemos! Me arrasan a mensajes mis colegas, felices por la hazaña. Me recuerdan más motivos por los que amamos a España: "Por el jamón ibérico, las playas, el cupón de la ONCE, el 'A mí Sabino que los arrollo', el flamenco, la fabada, el cocido madrileño, las salves rocieras, los Sanfermines, la Feria de Abril, los bemoles de Nadal, la cabina de José Luis López Vázquez, el queso manchego, Rosa de OT, la sidra, las campanadas de la Puerta del Sol, el mus y, por supuesto, el fútbol. ¡Tiembla Alemania!

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