"Santillana despegaba como un avión, era genial"
Nito descubrió al cántabro, Camacho y Chendo, entre otros

Imaginarse a mitos madridistas como Camacho, Santillana, Maceda o Chendo vistiendo la camiseta del Barça, del Atlético o del Valencia suena a sacrilegio. Sin embargo, esto podría haber pasado si Santiago Bernabéu no hubiera convencido a Joaquín García, más conocido en el mundillo futbolístico como Nito, para que trabajara para el Madrid como ojeador en la zona de Levante. "Le dije a Bernabéu que yo era un paleto para estas cosas, pero se empeñó en que me entrevistase con Molowny y Malbo y finalmente acepté el reto", confiesa Nito.
Entre otros, descubrió al cántabro Santillana: "Lo fichó Bernabéu después de un Hércules-Racing que vimos en La Viña. Antes de que vistiese de blanco, Bernabéu le obligó a que uno de los médicos más prestigiosos de Francia le diese el visto bueno por el problema de su riñón, pues sólo tenía uno. No recuerdo que ningún jugador saltase así. No era muy alto, pero despegaba como un avión. Ha sido el mejor rematador de cabeza que he conocido jamás, era genial".
"Pero yo valoro a esos que cuando les llevé al Madrid eran amigos y cuando estaban arriba también lo fueron. Eso es lo más difícil. En ese sentido, Camacho es un fenómeno, será Nitista toda su vida. El problema es que la vida es falsa. La gente se comporta bien mientras explotan el producto, pero una vez que el jugador ha llegado a la cima, te saluda menos o casi ni te llama", se lamenta.
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Pero no sólo valora Nito de Camacho su aspecto personal. Admira su raza, algo que echa de menos en el fútbol actual. "La raza se está perdiendo. El genio de Camacho, Ramos, Puyol o Raúl, entre otros, se pierde. En el país apenas hay jugadores de este estilo. El futbolista de hoy es menos fogoso. Ahora vale la calidad y la inteligencia. Guti es uno de los ejemplos del jugador de hoy en día. Siempre será genial, pero no le pidas que corra como Sergio Ramos", argumenta.
Talentos. Más de media vida dedicada a descubrir jóvenes valores le ofrece una perspectiva distinta del fútbol actual. Cree que hay una recesión de talentos y ofrece argumentos: "Los representantes envenenan a las familias y les hacen creer que su hijo es un fenómeno. Y los fenómenos hay que buscarlos con lupa. Antes los padres no hacían caso de si su hijo jugaba al fútbol o si se le rompían las botas. Por eso, se criaban futbolistas más maduros, enteros y con más conocimientos. Hoy es distinto. El abuelo o el papá quieren que su hijo lleve las mejores botas del mundo y que por narices sea futbolista. Si no se pasa hambre, no se puede lograr nada. A veces, los padres miman tanto a los críos que les perjudican más que les benefician". Sus argumentos invitan a la reflexión. No en vano, conoció a muchos de los grandes cuando no eran nadie.



