Bruno Conti

"Como el Madrid, este Roma divierte a la gente"

Recibe a AS en el despacho que ocupa en Trigoria como director de la cantera. Está lleno de recuerdos de la mejor época del Roma y de la selección campeona del mundo.

Marco Ruiz
Redactor Jefe Real Madrid
Nació en Granada en 1977. Licenciado por la Universidad Europea, entró en AS en 1999, por tanto, es canterano y ‘one club man’. Tras hacer la información del Atlético dos años pasó a formar parte de la sección del Real Madrid, de la que ahora es su Redactor Jefe. Cubrió la Eurocopa de 2008, tres Mundiales de Clubes y una final de Champions.
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¿Ha habido algún equipo del Roma como el de los 80?

Es difícil. La calidad de los equipos se mide por los títulos y nosotros ganamos un Scudetto y llegamos a la final de la Copa de Europa. Falcao, Di Bartolomei, Cerezo.... Este Roma, por ejemplo, tiene armas para ganar en el Bernabéu, como la velocidad, y como el Madrid, también sabe divertir a la gente partido a partido. En nuestra Roma la clave era la unión. El técnico Liedholm era un personaje y sabía gestionar el vestuario. Hablaba con los jóvenes y con los que no jugaban.

Pero les faltó ganar la Copa de Europa en 1984.

Fue dramático. Perder con el Liverpool en los penaltis, ante tu gente, en el estadio en el que has crecido, es difícil de aceptar. La peor experiencia de mi vida.

Después del 2-3 de Sarriá Falcao dijo que el brasileño bueno jugaba en Italia. ¡Era usted!

Fue bello... Cuando Falcao llegó a el Roma nos hicimos una foto con el presidente Viola, que luego dijo: 'Uno de vosotros me va a traer una camiseta de campeón del mundo'. Falcao disputó un grandísimo Mundial. Nuestra primera fase no fue nada buena: Perú, Camerún... Pero cuando nos encontramos a Argentina o Brasil hicimos un gran Mundial. Era una escuadra que inicialmente estaba devaluada, a pesar de que había seis juventinos que lo habían ganado todo en Italia y Europa. Habíamos hecho silencio stampa con los periodistas y sólo hablaba Zoff. Una pena, porque a medida que avanzaba la competición nos apetecía contar cómo estábamos viviendo aquello. Habían escrito cosas tremendas de nosotros. Dijeron que Rossi había dejado a su mujer, que yo y Grazziani frecuentábamos bares donde despachaban drogas....

¿El mejor partido de Italia?

La final estuvo en el Brasil-Italia. Cuando entramos al vestuario, tanto yo como todos mis compañeros teníamos la certeza de que habíamos ganado el Mundial. Habíamos ganado a la Argentina de Maradona, Passarella, Ardile, Tarantini... muy grandes. También ganamos a la Brasil de Cerezo, Falcao, Junior, Sócrates, Eder... ¿Qué más podía quedar?

Y usted, fue el mejor.

No, no... Como mejor jugador fue premiado Rossi. Mi premio fue escuchar a Pelé decir que el mejor había sido yo. Me chocó ver el comportamiento de los aficionados españoles con nosotros. Nos aclamaban en los desplazamientos. Aprovecho ahora para darles las gracias; nos hicieron sentir que nos apoyaban como a España.

¿Cómo fue la vuelta en el avión con Pertini?

Era un personaje estupendo, siempre atento. La cosa más bella ocurrió en el viaje de vuelta, en su avión privado. Jugaba a las cartas con Bearzot, se divirtió con Zoff. Ya no tenía necesidad de hacerse la foto con nosotros, pero se le veía disfrutar de nuestra compañía.

¿Cuál ha sido el mejor italiano de todos los tiempos?

(Piensa). El más grande pudo haber sido Roberto Baggio o Totti, por lo importante que ha sido para la Roma; Zola hizo grandes cosas y era un poco de mis mismas características; Baresi está en la historia del Milán, como Maldini. A mí me gustan los que han hecho historia en una sola entidad.

¿Y el defensor más duro al que se enfrentó?

Claudio Gentile sin duda, de la Juve. Era duro, tosco, y además era muy listo porque el tío sabía agarrarte de la camiseta y ningún árbitro se daba cuenta. Los Roma-Juventus eran unos partidos increíbles en los 80 y él era el más competitivo. Luego, con la selección, nos hicimos amigos.

¿Cuál es el recuerdo que guarda con más cariño?

El momento más emocionante fue mi adiós en el Roma. La jornada anterior habíamos jugado la final de la UEFA con el Inter y la habíamos perdido. En el partido siguiente me despedía, con ese ambiente tan oscuro, y cuando vi 80.000 personas en las gradas, llena de niños, de ancianos... ¡Había más gente que en la final!

¿Es verdad que estuvo a punto de dedicarse al béisbol?

Sí, sí... Yo era un gran lanzador. Jugaba en el Neptuno. Mi vida siempre estuvo llena de dificultades. Mi padre, que era albañil, se levantaba a las cuatro de la mañana para trabajar. Éramos una familia de siete hijos, y no era fácil salir adelante. De repente vino el presidente de un equipo americano, el Santa Mónica, y quería hablar con mi padre: 'Le hemos visto jugar y queremos llevárnosle'. Mi padre se negó, él había sido tifoso romanista a muerte, y no le pareció buena idea que yo me marchara a América tan joven, sin estudios. Éramos siete hijos y la familia siempre se interpretó a su modo.

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Menudo orgullo de hijo.

El primer año en el Roma yo estaba en los juveniles y un año después estaba debutando en la Serie A con 17 años ante el Torino. ¿Pero que pasó luego? La temporada siguiente me cedieron al Génova, y cuando se lo dije a mi padre fue como darle una puñalada. Pero el destino quiso que el Génova fuera campeón y que yo fuera proclamado mejor jugador de la Serie B. Eso me dio la posibilidad de volver al Roma. Le devolví a mis padres el sacrificio de haber criado a siete hijos. Esa es mi mayor satisfacción.

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