Un muro llamado Willy
El portero evitó la derrota ante una Real superior


Caballero. Siempre Caballero. Ataviado con una camiseta gris, un pantalón negro y un par de manoplas, Willy demostró ayer que debajo de esa indumentaria lleva el uniforme de superhéroe. Si no es así, no hay una explicación lógica para argumentar la actuación que tuvo el meta argentino en la tarde ayer, en la que amarró un punto para su equipo y terminó desquiciando a toda una Real Sociedad. Primero aguantó la pose, al más puro estilo sudamericano, para no vencerse, luego sacó un par de manos casi sin despeinarse, y terminó su repertorio con las piernas. Hizo fácil lo difícil. Y lo más importante de todo es que mantuvo con vida a su equipo hasta el pitido final. Lógicamente, el Martínez Valero le homenajeó con el ya conocido "Willy, Willy...". Curiosamente, éste es el cántico que diferencia al conjunto de Vidal del resto de equipos de la categoría. Mientras en la mayoría de los campos estas cancioncitas piden la cabeza de un entrenador o de un presidente, en Elche saben a quién dirigir su aliento. Son conscientes de que si este año están más cerca de los primeros es por su portero.
En condiciones normales (sin Caballero, se entiende), la Real podría haberse marchado del Martínez Valero con un 0-2, 0-3, 0-4... Pero ayer la gloria estaba reservada para otra persona. Y si no, que se lo pregunten a De Cerio, a Nacho, a Aranburu...
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Ante el vendaval del conjunto de Eizmendi, la arenga que Vidal propició tras la derrota en Ferrol se quedó en un mero trámite. Bastante había con salir ileso del primer tiempo. No todo fue mérito de la Real, ya que el Elche apostó por un planteamiento suicida, casi kamikaze. Vidal plantó su defensa en la medular, inconsciente de que el conjunto vasco tiene francotiradores en esa posición. Allí, Martí o Xavi Prieto no tenían oposición para lanzar sus precisos misiles, que llevaban un claro destino: Díaz de Cerio. No sólo se benefició el delantero, ya que Nacho y Víctor también se encargaron de desperdiciar los regalitos procedentes de su medular. Mientras, el Elche sólo podía achicar balones y ver cómo su arquero ofrecía un nuevo recital. Como si de un portero de balonmano se tratase, Caballero fue convirtiéndose poco a poco en invencible. Ahora se entiende que la Real terminase el primer tiempo suspirando y con los brazos en la cabeza, pensando en cómo marcharse de Elche con los tres puntos en el bolsillo.
Tras el recital del primer acto, el conjunto franjiverde mejoró. Retrasó su defensa y, gracias a Willy, pudo terminar el partido cerca del área de Riesgo. La Real siguió intentándolo, pero sin fe. Al final, el conjunto franjiverde evitó la derrota y amarró un punto ante un aspirante a Primera, de los de verdad. En Elche ya trabajan para ponerle una calle a Caballero.



