¡El Bernabéu arderá!
El Madrid dio un baile al Roma al son que tocó un gran Gago, con Robben y Raúl convertidos en dos puñales arriba. Los italianos ganaron el primer set, pero en el coliseo del Bernabéu saben que morderán el polvo. Toca noche mágica...

Noche mágica. Me imagino los aledaños del Bernabéu en la noche del 5 de marzo. Cerca de 100.000 almas paseando por las calles Concha Espina, Padre Damián y Rafael Salgado con sus bufandas blancas al viento de Madrid, los carajillos agotados en los puestos ambulantes, los niños cantando el himno mientras preguntan a sus padres cómo eran las remontadas europeas de los 80 ante el Inter, el Borussia y el Anderlecht. Me imagino a once jabatos santiguándose en el túnel de vestuarios después de tocar las estatuas de Aranguren y Machimbarrena, a Raúl abducido por el espíritu de Juanito gritando a los compañeros "¡vamos, vamos!", a Casillas atemorizando a Totti con sus guantes de cuatro dedos, a Pepe y Robinho regresando a lo grande para vivir su primera gran noche mágica en el Bernabéu, a 85.000 gargantas rotas por la emoción cuando en el minuto 90 se consume el pase a cuartos de final mientras que Sergio Ramos aplaude entre lágrimas desde la grada a los héroes de ese 5-M que pasará a la vitrina de los grandes momentos del mejor club de siempre...
Noticias relacionadas
Orgullo blanco. El Madrid no debe reprocharse nada. El Olímpico de Roma vio un rival encopetado, que se adueñó de la pelota y del juego desde el inicio, que jamás perdió la cara al toro. Así se puede perder. Los italianos del AS Roma (se agradece la publicidad gratuita que dan a nuestro diario) fueron infieles a su estilo y jugaron encerrados en las catacumbas del Imperio, arrugados con el único fin de encontrar una conexión aislada de Totti y Mancini para sentirse vivos en la eliminatoria. Les salió bien en el gol de la injusticia y la porca miseria, el 2-1, pero ni siquiera la crueldad del electrónico frenó el ímpetu de un Madrid que logró que su rival acabase más liado que la pata de un romano. Si el poste y el árbitro no hubiesen sido bultos sospechosos (¡señor Fandel, agarrar el cuello de Raúl es penalti en Roma y en Burkina Faso!), los 2.500 valientes que se desplazaron a la Ciudad Eterna habrían regresado con una sonrisa en sus labios. Spalletti, hermano gemelo del calvo de la lotería, debe estar rezando ahora porque su triunfo fue tan increíble como sacar petróleo de la Plaza Castilla. ¡Qué potra!
Raúl 60. El gran capitán es la brújula de la Décima. Él conoce el camino. En la portada de AS ya profetizaba ayer que el Madrid debía recuperar "el prestigio en Europa". Así fue. De hecho, esperó a su número mágico, el minuto 7, para firmar su gol 60 en Champions. Un gol que es de oro y diamantes porque resultará determinante en la vuelta de la caldera de Chamartín. Los romanos no saben lo que les espera aquí dentro de quince días. Se van a encontrar con las Legiones Vikingas unidas como nunca para consumar la crónica de una victoria anunciada. Noventa minuti son molto longo. Totti, esa noche tendrás pesadillas. Va por ti, amigo Juanito...



