¡¡¡Iker Selección!!!
La afición malagueña dio una lección y priorizó el ánimo a España por encima de las turbulencias que precedieron a un amistoso nada amistoso. Un gol de Capdevila y los milagros de Iker dibujaron un triunfo balsámico para Luis. Continuará...

¡Venganza cumplida! Un día me dijo el maestro Salazar que España jamás ha jugado un amistoso. "Si juega la Selección disputa un partido de equipos nacionales, o sea, partido oficial. Entre selecciones no hay amistosos". Y si el rival es Francia, qué les voy a contar que no sepan. Los bisnietos de Napoleón nos guillotinaron en la Euro 2000 (¡maldito penalti de Raúl al cielo de Brujas!) y repitieron ajusticiamiento en los octavos de final del Mundial de Alemania 2006. Gallos y gallitos. Hombres contra niños. Vieiras contra Iniestas. Pero el talento es patrimonio de la piel de toro. Somos pequeños, pero matones. Así irrumpió Capdevila, un lateral que va camino del Pichichi (ya marcó ante los suecos en el Bernabéu). A falta de Raúl, el destino quiso ser cruel con nuestro seleccionador al darle a Bojan unos extraños mareos (La Roja pesa mucho, amigos) y caer lesionado Torres. Con Güiza y Villa cegados ante el gol, o marcaba un defensa o no había nada que rascar. Pero a mí me vale. España 1 Francia 0. Victoria sobre nuestros últimos verdugos. Venganza cumplida.
Gafes. Les confieso una cosa. Cuando España saltó al campo con esa indumentaria se me taladraron el píloro y el duodeno. Camiseta color oro y pantalón blanco Danone. Igualitos que el Brasil de Leao y Amaral que nos amargó la niñez en Argentina 78 (de Cardeñosa ni hablamos) y la canarinha de México 86 que hurtó a Míchel el gol más legal de la historia de los mundiales (Mr. Bambridge, no olvido aunque sea usted paisano de Nicole Kidman). Para más recochineo, los bleus iban como esa España mía, esa España nuestra, que cantaría Cecilia. Camiseta roja y pantalón azul. Papeles cambiados que acentuaban la presunción del gafe amarillo cuando se supo que Bojan había pasado de la gastroenteritis al inoportuno mareo (tranqui, chaval, el mes que viene te espera la Italia de mi admirado Cannavaro para tu bautizo rojigualdo) y la sobrecarga de Torres, que no es muscular, sino que el peso de la sombra de Raúl carga lo suyo...
Iker 74. Es el número de partidos que Casillas lleva con La Roja. Anoche iba de verde, en plan portero norirlandés. Pero a éste le da igual. Aunque el crack se vista de seda, crack se queda. Aburrió a Henry, que fue más Tití que Thierry. Un cabezazo a puerta vacía lo echó fuera sólo por sentir los guantes voladores del guardián de la torre patriótica. En el descuento le sacó un mano a mano que anticipó el desenlace de esta Liga. Iker es imbatible. Como dice mi amigo Javier, si las comunidades de vecinos tuvieran a Casillas de portero los ladrones de casas terminarían dedicándose al cultivo de boniatos y batatas. Con Ikerón no hace falta tirar de la pócima mágica de Astérix. Él es la ley.
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