El Manzanares recibirá hoy a 1.100 madridistas
300 ultras llegarán al estadio divididos en grupos

Para los dirigentes de ambos clubes supondría un alivio que sus aficiones optasen por no comparecer en el campo rival para quedarse a ver el derbi por televisión cuando toca acudir como visitante. Pero el morbo y la pasión que provoca ver un Atleti-Madrid (o viceversa) puede con todo y por eso más de un millar de madridistas (1.100 concretamente, el mismo número de atléticos que hubo en el Bernabéu el 25 de agosto) apoyarán hoy a los hombres de Schuster desde las gradas del Vicente Calderón.
Como era de imaginar, el Madrid agotó las entradas en pocas horas. De esas 1.100 (las que llegaron al Bernabéu iban desde los 65 a los 100 euros), un total de 720 han ido a parar a los peñistas que las han solicitado al departamento dirigido por José Bernabéu. El resto han sido adquiridas por los ultras (300) y las últimas han sido destinadas a los compromisos de los familiares y amigos de los jugadores.
Escoltados. La principal obsesión de la Policía es asegurarse de que no haya incidentes cerca del Calderón cuando llegue el contingente de hinchas merengues. Incluso, el número de ultrasur que partirán escoltados desde la Plaza Mayor se verá reducido en su número habitual, dado que muchos han decidido ir al Manzanares por otras rutas y en pequeños grupos para evitar la escena que se repite en los últimos años: lluvia de objetos sobre ellos al llegar a la Puerta 6 por la que acceden al Segundo Anfiteatro, donde se ubicarán junto al resto de aficionados blancos.
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Las fuerzas de seguridad controlarán mucho esta situación para evitar escaramuzas y enfrentamientos aislados que puedan aumentar la tensión antes del partido. No quieren que se repita la escena de hace tres temporadas (17-4-2004), en la que una batalla campal entre policías y ultras de los dos equipos desembocó en un parte de guerra: 28 heridos y 15 hospitalizados.
Los 1.100 simpatizantes madridistas permanecerán en las gradas hasta hora y media después de finalizado el partido para evitar que los radicales les esperen a la salida.



