Copa de garrafón
Ni triplete ni gaitas. Copa maldita, maldita Copa. El Madrid quedó apeado de forma injusta. Puso el fútbol y la frustración de la inesperada eliminación. Ya van 15 años sin olerla. El Mallorca de Manzano sacó petróleo de un pozo seco...

Maldición. Pasarán los años, los coches circularán a 2.000 pies de altura, los ordenadores serán antiguallas exhibidas en los museos de historia, las hamburguesas tendrán el tamaño de una aspirina, Groenlandia tendrá playas en verano gracias al cambio climático y los programas rosa (¡por fin!) habrán pasado a mejor vida. Después de todo eso, calculo que allá por 2054, el Madrid seguirá sin ganar su Copa número 18. Ya son 15 años de irritante sequía. Da igual que jueguen los suplentes o los titulares. No hay manera de hacer carrera en esta competición maldita que se resiste desde 1993. Raúl jugaba en el Cadete y Casillas era un crío de 12 añitos que aprendía a ponerse los guantes. En estos tres lustros el Madrid ha conquistado tres Champions, cinco Ligas, dos Intercontinentales, una Supercopa de Europa y cuatro Supercopas de España. O sea, que este club ha estado inmerso en cuestiones de mayor pedigrí. La Copa es como esa novia fea con la que los adolescentes quedan entre semana para que no la vean sus colegas, temerosos de que digan que es un callo. La Copa es de garrafón. Ya sé que así el equipo de Schuster podrá estar descansado para la batalla por la Spanish League y la Champions, las verdaderas top model de la Pasarela Cibeles. Pero a mí me duele perder. No olvido la final copera de 1980 entre Madrid y Castilla. ¡Qué tiempos!
Manzano Mecánico. Así habría que empezar a apodar al equipo del profesor jiennense, que provoca úlceras y diarreas cada vez que se acerca con los suyos por el Bernabéu. Curioso. En Liga hicieron un partido sublime y perdieron: 4-3. Anoche se limitaron a defenderse y a meter un gol de Ibagaza para enmarcar. Con un fútbol pobre, regresaron ricos a la isla...
Ciegos. Tuve la oportunidad de ver el primer tiempo en la Tribuna del Fondo Norte junto a 16 amigos y familiares. Un Senado de madridistas. Al descanso, todos hicieron consenso: "Saviola e Higuaín deberían mirar el vídeo del partido. Si dos delanteros fallan esos seis goles entenderán por qué siempre juegan Raúl y Van Nistelrooy. ¡No se puede perdonar tanto!". Lo del conejo resulta preocupante. Ha cerrado el paso a un jabato de la cantera como Soldado y ante el gol está más ciego que un murciélago en la hora de la siesta. Creo que no debió venir. Puede que el equivocado sea yo y ojalá me tape la boca con una docena de goles...
Raúl, triste. Comprendo la rabia contenida del gran capitán en ese Palco que compartió con Amancio, en la primera parte, y Velázquez, en la segunda. Los tres deberían haber saltado como los espontáneos en Las Ventas para demostrar cómo hay que definir cuando se encara a un portero. Pero veo la botella medio llena. Como prometió Schuster en la víspera, el Madrid ha vuelto a jugar bien al fútbol. El resultado no fue reflejo de lo sucedido en el pasto. Buen juego, cruel marcador.
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Bernabéu. El santuario de La Castellana sigue siendo talismán. En Liga y en Copa de Europa (¡tiembla Roma, tiembla Totti!) será de nuevo un fortín inexpugnable. Me lo recuerda una madridista desde Guatemala, María, que lleva el sentimiento blanco metido en vena desde que dio sus primeros pasos en esa tierra hermana. "No pasa nada, la Liga está ganada".
El derbi. No hay tiempo para lamentos. El Getafe representará bien a esta Comunidad en los cuartos de final y el Madrid tiene el domingo en el Calderón la verdadera cruzada. Pongan un 2 en su quiniela. A lo seguro.



