Schuster se queda sin revancha
Semana excepcional del Sevilla ante el 'macht ball' por la marcha de Juande Ramos. Tres partidos muy exigentes ha sacado Manolo Jiménez y parece que el Sevilla vuelve por sus fueros. Mientras Schuster ve como pierde por segunda vez esta temporada, su equipo ha sido la primera vez que no marcá en un partido de Liga y encima se ha quedado sin la revancha por la derrota infringida durante la Supercopa.

Partido intenso el que se vió en el Sánchez Pizjuán. Ya desde el comienzo del mismo ambos equipos jugaron con gran intensidad. El Sevilla tuvo las dos primeras ocasiones del partido pero el Madrid respondió pronto. Los dos conjuntos jugaban al ataque, como si el que marcará primero fuera a llevarse el encuentro. Además se veía a los dos equipos fuertes, salieron al campo con mucha seriedad y concentración. Muy bien por los dos.
El Real Madrid salió igual que contra el Valencia pero se encontró pronto con el gol en contra. En un vendaval como solamente sabe el Sevilla imprimir, y que parece volver a recordar como era, los locales rompieron el partido con el primer tanto. Un golazo desde fuera del área de Keita al que nada pudo hacer Casillas. Pero el Madrid jugaba bien, como lo hace ultimamente cuando juega fuera, salvo que esta vez no hubo un gol que igualara la contienda o un tempranero gol como en Valencia.
Sentencia local
Un Sevilla rápido en ataque, seguro en defensa y letal arriba aprovechó que había metido la 'quinta marcha' para marcar el segundo a los dos minutos del primero. La jugada es de Kanouté que fusila a Casillas a bocajarro y el rechace al paradón del portero lo transforma Luis Fabiano. El Madrid aguantaba pero no pudó con el vendaval sevillano.
Luego el partido subió en tensión. Diarra pasado de revoluciones por los goles en contra le dio un codazo a Crespo que le dejó una herida fea en la cara. Casualmente Keita también estaba fuera y el conjunto sevillano jugó con nueve unos minutos. Crespo no supero el impacto del mediocentro madridista y fue sustituido por Diego Capel.
Sergio Ramos vio la tarjeta amarilla por un enfrentamiento con Keita y es que el defensa blanco siempre juega nervioso en la que fuera su casa. Las chispas saltaban en cualquier acción y estó freno cualquier intento por volver al juego de la primera parte.
La segunda parte continuó con un juego brusco y lleno de interrupciones donde los parones en el juego y las faltas y encontronazos dialécticos eran los protagonistas. Una pena porque el fútbol visto en la primera mitad era vistoso.
Ramos fuera antes de tiempo
El Madrid vió como Sergio Ramos se iba antes de tiempo por una entrada a Capel donde el sevillano forzó la segunda tarjeta del madridista. Con diez jugadores el Madrid se vio contra la espada y la pared. Tenía que ir a por todas o dejarse matar definitivamente.
Tuvo una oportunidad de revivir cuando Raúl fue derribado en el área por Dragutinovic, lo que hubiera sido una oportunidad de recortar distancia y posiblemente la segunda amarilla de Dragutinovic, loque hubiera igualado la contienda en cuanto a hombres sobre el campo.
Hasta ahí llegó el Madrid, porque desde entonces sufrió un proceso de descomposición y se pareció bastante a ese Madrid que a nadie gusta. Metido de lleno en pequeñas batallas individuales no veía como salir del atolladero donde se había metido. Guti desapareció definitivamente. Robinho no hizó una jugada decente en los últimos cuarenta y cinco minutos. El Madrid tenía lo justo para sobrevivir pero no para remontar.
Noticias relacionadas
Schuster dejó en el banquillo a Saviola y dejó jugar diez minutos a Baptista demostrando que no deben ser hombres de su entera confianza. Quizás su pasado sevillista podía haber servido para revolucionar el partido. Prefirió a Balboa y el de Torres por Gago forzado por la expulsión de Sergio Ramos.
Como colofón final Guti vio la amarilla lo que le impedirá jugar el próximo partido. Mientras los madridistas veían como los locales seguían buscando el tercero. El Sevilla se comió a los de Schuster y solamente les dejaron disparar una vez a puerta. Así es imposible.



