"Llevábamos pistolas pero nos peleábamos a puños"
Fue el niño mimado del equipo más atípico de la historia: dividido en dos clanes entre los que las peleas eran frecuentes. A pesar de todo, de las armas que iban y venían y la sospecha del fascismo, el Lazio ganó su primer Scudetto en 1974.

¿Qué se encontró en el Lazio cuando llegó al primer equipo con 16 años?
Comencé en la Serie B en el 72 y en la temporada 73-74, la del Scudetto, ya jugué 30 partidos. Aquel no era un equipo común. Me di cuenta enseguida.
¿Cuál fue el secreto para ganar el campeonato del 74?
Sólo hubo uno, el entrenador Maestrelli, porque el resto era un equipo de locos, locos, locos
¿Por qué?
Éramos dos clanes. El jefe de uno era Chinaglia, y en el otro mandaban Martín y Re Cecconi, que luego murió por un disparo.
¡Por un disparo!
Entró en una joyería para gastarles una broma, sacó su arma, simuló un atraco y el joyero sacó otra arma y le disparó. Murió en el acto. Era internacional y aquello causó un gran impacto en todo el mundo.
Me hablaba de dos grupos en el equipo...
Sí, y estábamos separados en todo momento. Había dos equipos distintos y ni nos veíamos en los hoteles. Si un grupo ya había utilizado un secador de pelo, por ejemplo, el otro no se atrevía ni a tocarlo. Eso sí, en el campo éramos sólo un equipo. Si en un partido alguien le hacía daño a Chinaglia o Wilson, que eran de su clan, Martini y los suyos se comían al que lo hubiera hecho. Luego, durante la semana, ni nos hablábamos. Comíamos por separado
¿Y eso de la pistola?
¡Toda la plantilla llevaba pistola! Igual que ahora se dejan el móvil en cualquier sitio, antes sucedía con las armas. A veces, cuando la carretera estaba vacía, parábamos y disparábamos a los postes de teléfono, a las farolas, a las señales
¿Y no era peligroso?
No, no nos controlábamos. Sólo nos peleábamos con los puños. A veces se llegó a romper alguna botella de cristal. A mí me pusieron una en el cuello. Pero ya le digo que Maestrelle era un maestro. Tenía contento a todo el mundo. Le decía a Chinaglia que mandaba él. Luego hacía lo mismo con Martín y Wilson, pero en realidad mandaba el mismo Maestrelli.
¿Y usted?
A mí el técnico me masacraba. Me mataba, me quitaba la licencia de conducir y el dinero
Por algo sería
Yo era bueno. Me quitaba todo porque no quería que me pasase de listo. No quería que saliera. Además, yo iba mucho a Florencia porque tenía una novia allí y él lo sabía. Al final le agradecí que me quitara todo el dinero porque si no me lo hubiera gastado en un día.
Maestrelli murió en el 76 y la vida de D'Amico cambió
Yo era joven y no entendía que me quitara el dinero y el carnet. Luego, cuando crecí, todo encajaba. Cuando se murió fue difícil seguir sin él aunque nos dejó muchas enseñanzas. Era un maestro, y no por la táctica ni la forma de entrenar. Las sesiones eran a las 10 y nadie llegaba antes de las once. Bueno, yo sí porque era muy pequeño. Chinaglia siempre se quedaba en la cama Sin calentar nos poníamos a disparar, ¡con lo malo que eso es para la musculatura! Bueno, empezábamos a correr, y a la media vuelta todos decíamos: "¡Míster, un partido!". Y jugábamos...
¿Era el Lazio de aquel entonces fascista?
Se dice, porque muchos provenían de las brigadas de paracaidistas, y en Italia son el cuerpo militar más de derechas de toda la vida. Pero había jugadores de izquierdas, como Martini.
Dicen de usted que era un jugador genial con muy mala cabeza. ¿Como Cassano?
En la cabeza me parecía a Cassano, sí, pero yo era mucho más bueno en calidad. No es verdad que estuviera loco; cuando te ponen una etiqueta es difícil quitártela. Es verdad que tuve un par de novias y que salía un poco, pero no frecuentaba locales de alterne. Wilson y yo siempre estábamos a la cabeza del grupo en los entrenamientos. La gente también decía que estaba gordo, y no era verdad, aunque me gustaba mucho comer.
¿Es verdad que Chinaglia le pegó una patada en el culo en un partido contra el Inter?
No fue para tanto. Cuando Chinaglia llegó al Lazio el jefe del equipo era Mazzolino, Ferrucho, el hermano pequeño de Sandro Mazzola. Tuvieron una lucha y Chinaglia se volvió más fuerte que aquel. En el Inter jugaba el Mazzola mayor, y el pique con Chinaglia fue grande. En una jugada le hizo un caño a Chinaglia. Luego me regateó a mí y a otro más. Chinaglia se enfadó y me dio una patadita: "Podías haberle dado un puñetazo". Como era Chinaglia, todo se engrandecía. A los entrenamientos iba a verle mucha gente, unas 4.000 personas, y todas gritando: "¡Giorgio!".
¡La dictadura del miedo con Chinaglia...!
Y pudo pasar algo, ¡eh! Una vez, jugando la UEFA en Suiza, saltaban chispas entre los dos grupos. Para no escuchar Maestrelli las quejas de unos y de otros en el campo, si Chinaglia se acercaba le echaba la bronca a Martini, que estaba lejos. Y viceversa. El árbitro pita el final. Perdíamos 1-0. Martini entra en el vestuario enfurecido, detrás de él Chinaglia. En el vestuario Chinaglia coge la botella de cristal de te y se va a por Martini. Si Re Cecconi no lo para, lo mata. Estoy seguro. Todos lo estábamos.
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¡Y aún así hicieron al Lazio grande y la hicieron ganar su primer Scudetto en 1974!
Yo apenas me lo creo aún...



