Un líder bestial
Raúl, eterno, abrió la lata marcando hasta de penalti. Y Baptista, crack de guardia, sentenció un triunfo sufrido ante un Betis que se topó con los postes de la guarida blindada de Casillas. Tres palos para Cúper...


Dos héroes. En el descanso los hombres de poca fe, que aún quedan, profetizaban una borrasca paralela a esa gota fría que ha sacudido con saña parte del país en estos primeros días de otoño. Pero al Madrid no hay cambio climático ni huracán que puedan frenarle cuando va embalado. Y así fue. En el campo había un capitán enfurecido, empeñado en darle la razón a su jefe. Raúl I de España. 273 goles de blanco. Los mete hasta de penalti. Toma nota, Luis. Y en el banquillo reposaba una fuerza desatada de la naturaleza, un tifón que cumplirá el lunes 26 años, un pedazo de pan que ha sabido comerse el orgullo malherido tras dejarle Schuster en la grada de Zorrilla en una decisión de gusto cuestionable. Baptista, La Bestia, el jugador número 12 de este proyecto líder, el tipo que tuvo el valor de negarse a irse al Milán este verano para demostrar al madridismo que su sitio está aquí, en el Bernabéu, ese escenario mítico que anoche lo abrazó tras marcar un golazo de media chilena sólo al alcance de un futbolista superlativo. Así, con boinas verdes como Raúl y Baptista, es más fácil seguir en la cumbre, sin alardes, pero con una pegada de Cassius Clay. Julio, te lo mereces, campeón.
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Números mágicos. El Betis de Cúper, como estaba previsto, plantó cara al toro blanco. Tres postes y dos paradones de Casillas (Iker, ¿para qué te aseguras las manos si tienes un ángel de la guarda que te protege desde que llevabas chupete?) dan fe de la credibilidad de un Betis meritorio que no pudo hacer nada ante una realidad incuestionable: el Madrid tiene la plantilla con mayor profundidad de la Liga y así le va. De bien. Líder. En solitario. Máximo goleador de la competición (13) y equipo menos goleado (3). Y con el pichichi en la grada (Ruud), los dos mejores extremos del mundo en la banda (Robben y Robinho) y los centrales titulares en la enfermería (Pepe y Metzelder). Es normal que el pasado miércoles, en el Club de Campo, en la entrega de un premio a Tarzán Ramos, los camareros se olvidasen de bellezones como Mar Saura, Vania Millán o Natalia Verbeke y sólo me preguntasen por su amado Madrid: "Tomás, este año parece que vamos a disfrutar mucho con Schuster". Pues sí, queridos amigos. Barra libre para la Nación Blanca.
Verdi-blanco. Tras los dos últimos Carranzas y la Copa del Rey, el Betis parecía haber cogido la horma a ese Madrid que siempre miró con cariño al equipo en el que se forjaron corazones blancos como los de Del Sol, Anzarda, Gordillo y Rincón. Por eso se entiende que me telefoneasen aliviados tras el match mis amigos de Olvera (serranía gaditana imperial), Ramón, el jabato manchego de la Peña Juanito de Barcelona o los pacenses de Fuentedecantos. Ya ven el anticiclón: "Esto es como lo del presi en Nueva York. Estuvimos retenidos, pero al final acabamos en la Opera cantando victoria". Líder bestial.



