Final en Copenhague
La España de Luis recibió el quite del perdón, pero no se hizo acreedor de cortar más allá de una oreja tras una faena con más sombras que luces. Joaquín, Xavi y Ramos salvaron los muebles. El 13 de octubre nos la jugamos ante Dinamarca


Dinamita roja.Supongamos que estos nueve partidos tortuosos y pestiñosos han sido producto de un mal sueño que ha contado con la complicidad de nosotros, la almohada mediática. Nunca existieron. En realidad, la UEFA organizó un sistema revolucionario para aumentar las audiencias televisivas y el interés nacional por sus respectivas selecciones. La verdad oculta era ésta. Para poder tener billete para la Eurocopa de Austria y Suiza es necesario salir airoso de una final programada en Copenhague para el 13 de octubre, con el aroma patriótico del Día de la Hispanidad todavía humeante. Dinamarca, con los herederos de Schmeichel (el ídolo de Casillas), Lerby, Laudrup y Eljkaer Larsen, será el que se juegue a 90 minutos con la España de Luis quién acompaña a Suecia en la cumbre futbolera de 2008. Me dirán que la tediosa realidad es otra, pero no veo otro camino para lograr que este país vibre de nuevo con la Roja y encaren sus jugadores internacionales un partido como si fuese la final de la Champions
¡Bien Tartiere! Aunque no llenaron por completo sus coquetas gradas, la afición asturiana supo olvidarse de connotaciones y absurdos entrenamientos a puerta cerrada para volcarse con España como si fuese un combinado nostálgico de Oviedo y Sporting en el que se hubiesen clonado a los Meana, Herrerita, Quini, Cundi, Morán, Uría y Manjarín para rescatar la escuela astur de esta tierra en nuestra Selección de los Dolores. La patria natal de Fernando Alonso puso el turbo ambiental a pesar de que Luis sería un nuevo inquilino del INEM si llega a apostar por la carrera diplomática. Sólo a un hombre de su complejo carácter se le puede ocurrir quitar al héroe local, Villa, para dar entrada al maitre Iniesta, que de nuevo fue inesperado inquilino del banquillo. El sustituido pudo ser Torres, que al contrario que en Reikiavik tuvo una noche aciaga hasta ese gol postrero con el que acabó su annus horribilis con la Blanca. Así habrá que rebautizarla tras dos apariciones seguidas con ese bendito color
Gol de oro.En su 50 partido con España, Xavi dio una lección a su quejoso presidente (Laporta, ¿ves la gloria que le da al hexasubcampeón Barça tener jugadores repartidos en sus selecciones?) al derribar el muro letón con un gol fabricado en colaboración diabólica con Joaquín, que anoche estaba celebrando el Centenario del Betis a su manera: caracoleando, fintando, desbordando, regateando ¡Jugón! Si ayer llega a estar Raúl (¡presente!) a los lentones les habrían caído un saco, seguro.
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Aviso a Luis.Míster, quiero verle más gestos como el honorable que tuvo con el lesionado Juan Luis en la víspera porque ese es el camino. Olvídese de peinetas, malas caras y boicotear ruedas de prensa. La vida es bella, hágame caso.
ostonia.Así debería llamarse el equipo de este país al que un servidor aprendió a conocer por su máquina de baloncesto, el ASK Riga, el primer campeón que haya tenido la Copa de Europa del deporte que sí tiene enganchada y orgullosa a mi querida España, esa España mía, esa España nuestra, que diría la recordada Cecilia. Pero los lentones son tan primarios jugando al fútbol que de nuevo se fueron sin saber lo que es marcar un gol a los nuestros. Pobre rival, pobre resultado, pobre velada. Al menos, la salvó el arte de Joaquín, Príncipe de Asturias por unanimidad, y Sergio Ramos, que terminó la faena con una Giraldilla, que diría Relaño. Copenhague, ¿fin del túnel?



