Los 11 Fantásticos
Tal y como estaba previsto, el Madrid pasó por encima del Atleti en el marcador (2-1) y en el juego: una barrida. El Bernabéu vibró con este Madrid de Schuster que ha recuperado el estilo histórico de este gran club: calidad y corazón.


Mágico Bernabéu. Les cuento un secreto. Agüero, un becario con talento al que imagino ganando un Balón de Oro como jugador de futbolín, marcó el gol del honor rojiblanco cuando sólo se habían jugado 58 segundos para darle emoción al derbi, que a esas alturas ya iba 2-0 a favor de esa máquina sin sentimientos llamada Real Madrid. El primer gol, por la escuadra y antes de rodar el balón, lo metió Raúl Corazón de León, capitán eterno, alma en vida que lleva el escudo cosido a su pecho. Villar, muy a su pesar y al de su cómplice Gaspart, tuvo que entregarle la Copa de campeón de Liga a su dueño legítimo. Al Madrid. Al Realísimo. Al mejor equipo de España y de Europa. 1-0. Luego llegó Albertito Contador, otro número uno que ama al Madrid como Rafa Nadal, Alonso y Sergio García. El rey del Tour vio cómo todo sigue igual por esta parte del río. 2-0. Por eso, el golito de Agüero fue letal para el Atleti porque despertó a la bestia. Manolete, entérate. El Madrid seguirá ganando ligas y Champions hasta el fin de los días. El Atleti será un palmero en la sombra. Blancos ganan, rojiblancos pierden. Y callan...
Pasillo. Por cierto, el Atleti manchó su dudoso señorío al no atreverse a hacer el pasillo de honor al campeón. Me consta que Aguirre, un caballero, no hubiese puesto impedimento alguno. Pero no hay manera de que en el Calderón (¡futura Peineta!) acepten la cruda realidad.
Schuster, avanti. Nadie se acordó anoche de Capello en el Bernabéu. Lógico. Es el estadio más entendido del mundo. El 17 de junio lo despidió entre pitos a pesar de estar la Liga vivita y coleando. Por eso, Schuster ha sido recibido con alfombra roja. Tecnología alemana precisa y talentosa. Su fútbol acabará emocionando al mundo entero. ¿Saben la diferencia? Aquí juegan 11 Fantásticos, no cuatro...
Raúl, te quiero. Si algún día dejo este bendito trabajo me gustaría irme como Raúl... Dejándome hasta la última gota de mi sangre muriendo en el intento. Ayer me arrancó dos lágrimas en una jugada heroica en la segunda parte. Se fue de uno, de dos, amagó entre una nube de piernas y forzó un córner. Vi a una grada entera levantarse emocionada como cuando Talavante saca un muletazo desde el rincón del arte. ¡Qué gusto da ser del Madrid! Gracias, Rulo.
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Nueva era. Con el 2-1, me llamaron enardecidos mi amigo Mateo, de Gibraleón (Huelva), Angelito, que se trajo a su bebé de Almería (¡viva Albox!) y mi colega El Repacholes de Cazalegas (Toledo). ¡Grandes vikingos!
Heavy. Este Madrid no tiene techo. Cuando juegue Robben no tendrá freno. Al ritmo heavy de Van Halen, el Bernabéu gritó "Campeones". Pobre Atleti. Acabará el siglo XXI y seguirán sin ganarnos en Chamartín. Manolete, eres un GPS (Gran Perdedor y Sumiso). ¡¡¡Hala Madrid!!!



