La Naranja Mecánica sonríe en el Bernabéu
Drenthe y Sneijder fueron aclamados por 5.000 madridistas


Desde que el Madrid cambió el rumbo de su historia en Amsterdam hace nueve años (la Séptima, qué les voy a contar que no sepan) la afición blanca mira con mejores ojos a todo aquello que llega de Holanda. Al menos, ese fue el sentimiento que destiló ayer la grada del Bernabéu hacia Royston Drenthe y Wesley Sneijder, los dos tulipanes de oro que Calderón le ha traído a Schuster a cambio de 38,5 millones de euros (13 y 25,5, respectivamente). Cerca de 5.000 madridistas desafiaron al calor capitalino de agosto para aclamar a esta dupla oranje que augura buenas vibraciones.
Idioma.
Incluso, el mandatario madridista se atrevió esta vez a darles la bienvenida en la lengua de Van Gogh, dado que con Van Nistelrooy optó por el inglés para evitar pifias. En castellano, Calderon dejó dos aseveraciones interesantes sobre sus nuevos fichajes. "Todos pusieron sus ojos en él, pero él puso los suyos en el Madrid" (sobre Drenthe); "Wesley es ambidiestro, vertical, crea, defiende y es ambicioso" (sobre Sneijder).
Drenthe y Sneijder podrían formar las piezas de un puzzle porque, de puro contradictorios, encajan perfectamente. El joven extremo llegó con una sonrisa que dejaba ver su aparatoso diente de oro y con su desparpajo arrancó una carcajada sincera hasta al mismo Di Stéfano, poco amigo de estos saraos públicos. Royston se acercó al público y empuñó la camiseta del Madrid en alto como si fuese la Décima. La grada rugió. Y más cuando dijo las dos palabras mágicas: "¡Hala Madrid!".
Sneijder es la otra cara de la moneda. Parece un niño salido de Oxford que jamás ha llegado tarde a casa. Tímido, prudente en los ademanes y más comedido al dirigirse a la afición: "Estoy esperando el momento para jugar ante la gente en este gran estadio". Calderón, maestro de ceremonias que estaba radiante tras saber que esta doble operación tranquilizará a su entrenador y a los hinchas más impacientes, se vino arriba con Drenthe (poli malo) cuando los dos noveles se vistieron de corto y saltaron al verde sagrado de Chamartín. El zurdo de Rotterdam se gustó, hizo cabriolas con el balón que ya hubiese querido suscribir Ronaldinho y logró que 5.000 hinchas ya se planteasen fundar la 'Peña Drenthe'. Un showman con poder de seducción. "Y un portento físico", añaden los médicos del club.
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Sneijder, poli bueno, hizo unos controles de balón más académicos. Se reservó su arsenal para firmar golazos como el que le metió a Abbiati hace diez días. "Sneijder, el día 26 enchúfale otro igual al Atleti y te subimos a hombros", le gritó un fan. El Guti de Utrecht ya palpa la pasión con la que se vive aquí el fútbol.
A Drenthe hubo que sacarle del campo casi a empujones. Era tan feliz que no quería irse de allí. "Hemos acertado. ¡Qué pareja!". Calderón dixit.



