Raúl echa un cable a Schuster
Un golazo del capitán desatascó el bolo con el Stoke City. Buen debut de Pepe y Granero. Schuster apostó por el tiqui-taca. Metzelder y Saviola, flojos


Mi pequeño se echará novia, en el Tour se desterrará por fin la mancha negra del dopaje, el cambio climático frenará sus efectos devastadores sobre el planeta, Britney Spears habrá sentado la cabeza y el vikingo Nadal habrá ganado tres Wimbledon a Federer. Y después de todo eso, empezará una nueva pretemporada del Real Madrid con el mismo capitán al frente, inmortal, incombustible, perseverante, sin fecha de caducidad, capaz de reinventarse para sobrevivir a invasiones galácticas, cuadrados mágicos o disparatados ensayos capellianos. Sí, les hablo de Raúl González Blanco. El 7. El líder. El titán que arrasó a todos, veteranos y noveles, en las exigentes pruebas físicas de Irdning. El tipo que empezó ayer a echar un cable a Schuster...
Cantera power.
El bolo con los troncomóviles del Stoke City (nobles pero muy rudos, de esos con los que nunca te pegarías en una bronca de tráfico) sirvió para ratificar el cambio de librillo. El Equipo A, el de la primera parte, nos ratificó las gratificantes sospechas que teníamos sobre el libro de estilo del alemán. Hasta doce toques seguidos, elaboración, búsqueda de las bandas y paciencia. Mucha.
Vamos, eso llamado tiqui-taca que resulta como una aspirina. Te alivia los dolores del doble pivote y te arranca una sonrisa evitando quedarte dormido en el sillón ball. Con Bernardo será difícil que el personal vuelva a casa enfurecido tras el tostón sufrido. Además, es listo. Colocando a Diarra de tercer central camuflado tras la línea de creación (Guti-Granero), Balboa y Bueno (muy bueno, cierto es) se adueñaron de las bandas buscando a Raúl, convertido en el Van Nistelrooy de guardia. Y cumplió con creces. Tres avisos a Simonsen antecedieron un gol estilo aguanís. Un recorte imperial a Higginbotham (no debe estar ni entre los primeros 500 de la ATP de los futbolistas) con su pierna mala fue el preámbulo ideal para un remate ajustado al palo. Golazo. Y punto.
No había dudas de que Dudek iba a tener un debut placentero, por lo que resultaba preciso hacer lecturas alejadas de un partido sin mayores alicientes que el estreno de la era Schuster. Primero, cabe decir que Pepe es una máquina y que pronto nos pasará como con Sergio Ramos. Nadie se acordará de su precio. Rápido, con mando, cabeza erguida, decisiones acertadas. Central para muchos años. Segunda noticia refrescante: Granero. Juega y hace jugar. Decidido a aprovechar la puerta de oro que le ha abierto Schuster. Brilló en el Mundial Sub-20 y ahí tenemos una realidad constatable si nadie le calienta la cabeza. Pasó el corte con creces. Al igual que Balboa, extremo apañado y vertical, y Soldado, un delantero que te mete goles hasta con pubalgia y tres leñadores ingleses encima. Lo buscó, porfió y dignificó ese 9 que se ha ganado por su osadía en aceptar el reto. Transformó el penaltón cometido por Buxton (le pegó un repudiable batazo a De la Red en el tobillo derecho) con el temple de un grande. Buen soldado...
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Pero los árboles no me impiden ver el bosque. El Stoke aprovechó los cambios del descanso para dejar claro que este Madrid sigue huérfano en la izquierda y falto de un Kaká o un Cesc en la medular (o un Ballack, que diría Schuster). Lo del carril de Roberto Carlos (¿de verdad te fuiste, amigo?) se solucionará pronto con Robben y Drenthe. Zurdos, jóvenes y sobradamente preparados. Lo del cerebrito es un asunto más duro de pelar.
Schuster quiere darle galones a Gago, pero todos sabemos que aquí falta un Velázquez, un imán sobre el que gire el juego. El verano será largo. Toca esperar...



