El Atlético rozó el ridículo
El trallazo de Seitaridis evitó el desastre en Rumanía


El Atlético rozó el ridículo en Rumanía, o mejor dicho, lo hizo durante la mayor parte del partido. Sin embargo, un gol el próximo sábado en el Calderón le meterá en Europa. Durante 45 minutos todos revivimos viejas tragedias rojiblancas como Timisoara, Creta o Groningen. Es difícil conceder tantas facilidades en defensa como hizo el Atlético en la primera mitad. Algo incomprensible en un equipo profesional, aunque lleve sólo diez días de preparación.
Cualquier balón aéreo o despeje del Bistrita era un peligro para la defensa atlética. En fútbol puedes conceder un error atrás, pero repetirlo tres veces... Las dos primeras fueron goles. Es difícil explicar a un aficionado que un balón dividido por arriba en el área propia no acierte a ser despejado, ni por las buenas ni por las malas, y que el delantero remate a placer. O que el mediocentro defensivo salga con la pelota desde la zaga y nadie cubra ese hueco. Total, dos a cero. Esto en un partido de Regional supone algo más que palabras, pero el Atlético de la primera parte olvidó el código de compañerismo y solidaridad. Perea estuvo a punto de regalar posteriormente el tres a cero. Los seguidores del Gloria Bistrita no se lo creían. Ni el mismísimo Milán de Sacchi o el Madrid de la Quinta hubieran propiciado más miedo a la defensa rojiblanca. Y todo gracias a dos puntas rumanos que con saltar y poner más ganas que el rival enloquecieron a la defensa. Leo ni la tocó siquiera. Bastante tenía sin entender lo que pasaba. Aguirre se desencajaba en la banda, pedía agresividad en defensa, algo que no debería ni que solicitarse, pero...
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Gol salvador.
El Atlético del año pasado fue séptimo gracias a la defensa, a encajar pocos goles, pero si ahora los regala, el futuro se oscurece. Nadie le pedía al equipo ayer un juego exquisito (no lo hizo a lo largo de toda la temporada pasada), pero sí el no hacer el ridículo. El Bistrita sólo se colocó bien, cerró espacios, corrió, saltó y aprovechó los regalos. El primer tiro a puerta del Atlético fue gol, aunque llegó desde 25 metros. Entonces se vieron las carencias del equipo rumano. Los jugadores recordaron por fin el informe técnico de ese viejo hombre del fútbol, Emilio Mauri, espía rojiblanco. En el mismo se decía que el Atlético lo tiene que hacer rematadamente mal para caer eliminado. Las fuerzas del Bistrita decayeron y todos acusaron las altas temperaturas. El Atlético llevó el partido a donde quería. Tocar, tocar y tocar. El equipo rojiblanco entendió que ayer casi sólo con el oso y el madroño del escudo debían pasar le eliminatoria. También en cuanto Perea se despertó de la siesta o Seitaridis se lo tomó en serio. Jurado perdonó el empate a dos, pero sus bicicletas y la agresividad de Braulio le dieron otro aire al equipo. Tan poquito como eso metió al Atlético en el partido y muy posiblemente también en Europa, aunque habrá que ver.



