Tostones y lentones
Rebote general. Se ganó en Riga, el gran objetivo, pero la Selección de Luis Aragonés fue plana y aburrida hasta necesitar de dos goles de chiripa para salir airosos. Así no. Ganar para estar en la Eurocopa no justifica bodrios de este calibre


Pesadilla. Quince años después, la vida sigue igual. Sólo nos valen los puntos para alimentar esta tortuosa cartilla de racionamiento futbolístico en que se ha convertido la España espesa y timorata de Luis Aragonés. A pesar del triunfo, la Roja nos sonroja. El frío resultadismo nos aleja de la inmolación, pero no veo tanta diferencia entre aquella Selección de Javier Clemente que empató (0-0) en un ya lejano 1992 en un partido infame y ésta del siglo XXI que necesitó de dos rebotes afortunados para hacer clin clin caja. Un tal Zakreseuskis tuvo que explicar a David Villa y al debutante Luis García cómo se tira a gol, mientras que la espaldita de Iniesta certificó la defunción de un rival patético cuyos jugadores deberían llamarse lentones y no letones. Esto fue un simulacro de partido en Riga.
El Buitre. Me tocó padecer el suplicio en Monturque, un blanquísimo pueblecito de Córdoba (tierra de Moriles y aceite de oliva celestial) cuya agrupación madridista, presidida por Miguel Muñoz (¡bendecido!) celebró ayer la sexta convención anual de las 24 peñas que Emilio Butragueño tiene repartidas por todo el mundo (¡hay una en México!). Emilio se despertó ayer con la portada de AS recordándole que Casillas le había cazado en un registro excitante: 69. Me miró y me dijo: "Este chico va a pasar a todos. Que sea un producto de la cantera del Madrid, como lo son Soldado o Luis García, es un motivo de orgullo".
Enfado. Pero el bodrio de Riga fue apagando pronto el fuego de los amigos de Monturque. Si hubiese pasado por allí un médico, nos hubiese diagnosticado a todos "malestar general". Un niño con una camiseta de Raúl pedía a gritos, cuál Guti de la vida, que su ídolo volviese a la Selección. El padre de Butragueño, don Emilio, agachaba la mirada con un gesto de tristeza indisimulada. Igualito que el debut de su hijo ante País de Gales en Sevilla (3-0, gol incluido a Southall, el orondo portero galés). Encima, una entrada brutal de Maris (Marusia, según nos describió el debutante televisivo Juan Carlos Rivero) a Sergio Ramos casi enciende la llama de la ira: "Que lo necesitamos para la final de Zaragoza. Sólo faltaría que aquí se ponga en peligro el alirón".
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Futuro. Lo peculiar de todo este asunto es que para la afición este interruptus ha supuesto un fraude consentido. Ya sé que el calendario se conoce desde hace meses y que esto estaba escrito en el cuaderno de bitácora de nuestros internacionales. Pero es infumable que jugándose Real Madrid, Barcelona y Sevilla la Liga tengamos que comernos este puré de verduras con hebras en que se han convertido estos dos bolos que parecen bañados en aceite de ricino de lo mal que saben. Esto no lo arregla ni una Cofradía del Clavo Ardiendo Sección España
Botella medio llena. Aunque Miguel Muñoz me arrancó una sonrisa con su sarcasmo ("Tomás, éste es de los partidos que hacen afición"), intentaré ser positivo en mi análisis de lo visto. Con los tres puntos tenemos el liderato más cerca. Además, vimos en acción a los yogurines de la Fábrica Blanca, con el asturianín Luis García y el Soldadito español asomando la cabeza con sus imperiales camisetas blancas. ¡Qué bien les sientan! Pero me temo que tardarán en acercarse a los números de Raúl. Nadie nos hace olvidar al gran capitán. Por algo será



